Señales de "gran coalición"

16.04.2014 | 00:56

Aunque han superado la crisis "momentánea", el tropezón del pacto bipartito que gobierna Andalucía puede tener mayor alcance que el gesto de autoridad de Susana Díaz al desposeer de competencias a una consejera de IU, capitulando después con la restitución. La presidenta no parece muy satisfecha, y, aunque lo niegue, su interés estaría en anticipar elecciones antes de que decaiga el buen ambiente social que la rodea. Su ambición de mayoría absoluta pasa por la zona templada del electorado, hoy recelosa de un "frentepopulismo" regional y/o nacional hipotéticamente bendecido por el PSOE a la vista de una recuperación que no arranca. El reiterado ofrecimiento de apoyo del PP andaluz (50 diputados) para reciclar sin acuerdo solemne la mayoría rota durante el conflicto, no es menos sintomático de las cuantiosas pérdidas conservadoras y la perspectiva de "gran coalición" a la alemana tras las próximas generales. La oferta de 50 diputados conservadores mantiene a IU en posición de alerta.

Los dos primeros partidos españoles velan armas ante unos resultados que los forzarían a movedizas alianzas para mantenerse o regresar al poder. Naturalmente enfrentados ante la inmediata consulta europea, no dejan de emitir señales de entendimiento en cuestiones de detalle ni en grandes asuntos como el aplastante rechazo de la consulta catalana. Por encima de situar a Juncker o Schulz en la presidencia del nuevo Parlamento europeo, su prioridad es de orden interno: la estabilidad de la próxima legislatura en la salida de la crisis y las reformas de fondo que requieren una mayoría sólida. Ambos estarían mirándose en el espejo liberal/social que mantiene a Alemania en el liderazgo de Europa y le da voz en el orden mundial por esa hegemonia. La derecha y la izquierda extremas quedaron fuera, pese al menor coste inmediato que tendría para Merkel apoyarse en una minoría.

La hoja de ruta socialdemócrata del PSOE es tan evidente como la pervivencia de ciertos dogmatismos en los conglomerados de IU y su entorno. Empieza a vaciarse lo que hasta ayer se conjugaba en incompatibilidades doctrinales y alergias fulanistas. No vive España una fase de vitalidad ideológica, ni rigen los valores en la praxis política. Lo que manda es la urgencia económica de contener el déficit, reducir la deuda pública y desactivar la revuelta social tras el marasmo provocado a partes iguales por socialistas y peperos. Los dos grandes parecen dispuestos a poner sus códigos entre paréntesis, sin que la estrategia paréntetica los desnaturalice más allá de una legislatura. Cada cual por su lado, no aciertan a estar en Europa diferenciando la voz de España. Bueno o malo, es lo que hay.

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