El perfil del Descubridor y su actitud misionera

La hazaña del pontevedrés Colón y el vínculo identitario del proyecto evangelizador

14.04.2014 | 02:25
Los nombres de Juan Colón y Constanza, en un documento hallado en la basílica Santa María .

La fructífera difusión actual de la tesis que confirma y revela el origen gallego-pontevedrés de Colón y que también aclara las causas de su enigmática y ocultada identidad genealógica, nos sirve para enlazarlo con otros significativos eventos históricos y culturales como es el proyecto evangelizador en el cual particularmente Galicia ha venido jugando un papel histórico altamente relevante y decisivo. Descubrir y profundizar en la galleguidad de Colon nos conduce a reconsiderar y valorar ciertos elementos culturales de nuestra idiosincracia e historia colectiva, que sin duda afectan a la dimensión ética y moral-espiritual que da sentido a nuestras vidas personales y nos posibilita además entender mejor el papel crucial -de carácter "cultural y religioso"- desempeñado por la misma Galicia y por España en los últimos cinco siglos.

Este reconocimiento de las raíces gallegas del descubridor Colon, que protagonizó una de las mayores hazañas del último milenio, solo comparable quizás a la llegada del hombre a la Luna, está experimentando un renovado y legitimo impulso al hilo de la sucesiva aparición de obras referidas al tema y escritas con laborioso esfuerzo por diferentes autores gallegos. Entre ellos destacan la primera y determinante obra investigadora y aclaratoria del vigués Alfonso Philippot sobre La Identidad de Cristóbal Colon, seguida por la del escritor Rodrigo Cota con su libro "Colon, Pontevedra, Caminha" y también con el más reciente e interesante y completo libro titulado "La Clave de Cristóbal Colón" del historiador Carlos de Vilanova, y en cuya labor promotora tampoco es ajeno el papel central que está desempeñando la inaugurada Casa Museo de Colón en Porto Santo (Poio) como gran faro e importante Centro Cultural difusor de la tesis gallega. Y sin tampoco olvidar el papel divulgador de la creada Asociación Cristóbal Colón Gallego, la cual nos acaba recientemente de anunciar la aparición de un estudio inédito titulado "El Colón de España", compuesto por varios tomos realizado por Luis Pereiro Álvarez, un enigmático jesuita orensano, que estuvo afincado en Salamanca hasta su muerte en 2006 y que al parecer llegó a las misma conclusiones después de varias décadas de silenciosa y callada investigación.

Ante tal cúmulo de datos e información convergente, un aspecto fascinante de este asunto sobre el desvelamiento del interesante perfil biográfico-cultural del Colón gallego, que sobresale y emerge de los estudios mencionados, es que en gran medida, su trayectoria personal y marinera se encuentra a su vez inexorablemente asociado a una fuerte simbología religiosa y a una soterrada actitud misionera -de gran misión- que caracteriza a todo ferviente creyente católico de dar a conocer a Cristo y compartir y/o difundir de manera "universal" el tesoro del Evangelio a toda la humanidad. No es casualidad tampoco y encaja con ello, que en algunas de las interpretaciones que se hacen de la firma utilizada por Colon, éste se hiciera llamar "el Portador o Mensajero de Cristo" tal como revelan estudiosos como Madariaga. Precisamente en éste lema se encierra todo el alcance de la Misión vital de Colón y como esa vertiente evangélica no se puede desligar de la formación y educación recibida en un contexto religioso y cultural donde la incipiente y masiva peregrinación a la tumba de Santiago Apóstol, descubierta seis siglos antes, estaba configurando la identidad cristiana y cultural de España y de Europa de forma decisiva. (Véase el sentido religioso que el mismo Colón atribuye a su viaje en su manuscrito poco conocido e investigado titulado "Libro de las profecías" -1504- tal como comenta el estudioso Juan Luis de León Azcárate, profesor de la Facultad de Teología de la Universidad de Deusto).

En este sentido la trayectoria vital de Colón y su exitoso viaje terminó por afectar de forma decisiva al devenir y evolución histórico-cultural de España y de la ciudad de Pontevedra, sin que paradójicamente pontevedreses y gallegos hayamos sido apenas conscientes de dicho proceso y valorarlo adecuadamente. Me refiero también con ello por ejemplo a la más que probable vinculación de Colón y su familia con la financiación de la construcción en el siglo XVI de la preciosa Basílica de Santa María en la ciudad de Pontevedra, y cuyo nombre y origen muy probablemente fuera motivada como agradecimiento de Colón y sus allegados familiares a la Virgen por el éxito de su arriesgado viaje, tal como revelan las inscripciones del apellido Colón encontradas y conservadas en una de las paredes de la Basílica. No olvidemos tampoco que previamente para su viaje Colón utilizó la Carabela o la Nao en la que viajó personalmente -construida en los antiguos astilleros de Pontevedra- con el nombre de "Santa María" -apodada la Gallega- y que precisamente fuera bautizada con ese nombre por la ferviente fe que profesaba el almirante a la Madre del "Salvador". Así, tampoco es coincidencia o fortuito que sea el nombre elegido de "San Salvador" con que Colón bautiza la primera Isla descubierta en el Nuevo Continente y que pensaba eran las Indias. Curiosamente el nombre de "San Salvador" está intensamente presente en diversos puntos de la comarca de Pontevedra (Así tenemos a San Salvador de Poio con su Monasterio, Isla de San Salvador -Tambo- y Monasterio de San Salvador en Soutomaior-Arcade).

Todo ello no parece casual, y las pruebas y acontecimientos históricos atestiguan y sugieren el papel providencial relevante de la evangelización asociado a tierras gallegas, manifestado inicialmente con otro trascendental hecho histórico significativo previo como fue el descubrimiento de la tumba del Apóstol Santiago en el siglo VIII, y que durante largos siglos atrae innumerables peregrinos de toda Europa a Galicia lo que ayudará evangelizar la península y gran parte de Europa configurándose el célebre Camino de Santiago. Posteriormente en el siglo XV, nuestra tierra gallega, pilar fundamental de la evangelización europea con la peregrinación a Compostela, parece volver a ser elegida providencialmente, al servirse del gallego Colón (un noble, bastardo de nacimiento a igual que Moisés), para permitir reiniciar y continuar o trasladar la misión evangelizadora llevada por el Apóstol Santiago en la península y Europa a un nuevo continente. ¿No resulta cuando menos sorprendente?

Debemos situarnos en el contexto del siglo XV, en que la esperanza de vida era muy corta y ser conscientes de que Colón, como la minoría escasa de hombres cultos de su época, estuvieron fuertemente impregnados en su mayoría de una fuerte religiosidad y una simbología cultural cristiana y mariana, que sin duda ayudó a marcar su formación-educativa y hacer real el sueño del proyecto vital-viajero arriesgado de Colón. Proyecto viajero que finalmente fue asumido y apoyado financieramente por otra ferviente creyente como fue la Reina Isabel de Castilla y su confesor espiritual. ¿Qué posibles e importantes razones fueron utilizados por Colón y el confesor de la Reina Isabel de Castilla llamada la Católica, para que la persuadieran a financiar un costosísimo y arriesgado Viaje? Me atrevo a sospechar que todos ellos compartieron un poderoso impulso o móvil espiritual común, concretado en una misma "VISION CULTURAL Y ESPIRITUAL" de que el proyecto viajero trascendía los meros intereses materiales y políticos cortoplacistas ya que satisfacían el último mandato y gran deseo de Cristo dado a sus discípulos en su despedida y ascensión a los cielos: "Id y predicad este Evangelio por todo el Mundo hasta los confines de la Tierra". Es muy probable que el conocimiento y la obediencia a estas palabras de Cristo, lo que favoreció que el confesor de la Reina ejerciera una influencia determinante en su decisión de apoyar finalmente el fantástico e incierto proyecto viajero cuya financiación era descomunal para la época. (Ver también la interesantísima obra publicada del escritor Jose María Zavala "Isabel Intima", Ed. Planeta, en el que revela datos inéditos de la Reina Católica utilizados en su proceso de beatificación).

Pero quizás el mayor hecho singular que afianza la intensa y antigua vinculación de la Providencia con Galicia -además de la aparición de la tumba de Santiago Apóstol y del viaje descubridor-evangelizador exitoso de Colón-, es la especial presencia y predilección de la Virgen por la ciudad del Lérez, que se materializa con la importante aparición mariana, desconocida por muchos, de la Virgen María a Sor Lucía -la vidente de Fátima- en Pontevedra ocurrida durante el 10 de diciembre de 1925, cuando la joven vidente de Fátima residió como novicia durante 1925-1926 de forma clandestina con el nombre de Sor Dolores en el convento o Casa de las Doroteas para no llamar la atención. Estas apariciones de Pontevedra están además confirmadas y certificadas en una carta por el Papa Juan Pablo II en el año 2000, según puede comprobarse en documentos eclesiásticos que menciona Emilio Sánchez Rodríguez, estudioso de las apariciones de Pontevedra. Era la primera vez que el Vaticano certificaba por escrito esta modalidad de milagro que no se considera dogma de fe. En 2006, Benedicto XVI concedió indulgencia plenaria a todos los que visitasen el lugar.

El significado y trascendencia de estas apariciones de la Virgen en Pontevedra fue nada menos que para confirmarle y recordarle a la joven vidente sor Lucia que difundiera el mensaje dado unos 7 años antes en Fátima de llamarnos a todos ciudadanos del Mundo, sin distinción alguna, a una urgente conversión espiritual a las enseñanzas de Cristo para la salvación de todos los pecadores, y en cuya tarea la invitación que nos hace al rezo diario del Rosario constituye un arma de poderosísima eficacia para ayudar a ese fin de promover la conversión y salvación de almas. En relación con ello, la peculiaridad de esta aparición es que la Virgen menciona en Pontevedra una gran promesa: "?Tú al menos, procura consolarme y di que todos los que durante cinco meses seguidos en el primer sábado se confiesen, reciban la Sagrada comunión, recen el Rosario y me hagan compañía durante 15 minutos meditando en los misterios del rosario con el fin de desagraviarme, les prometo asistir en la hora de su muerte con las gracias necesarias para su salvación". Esta es LA GRAN PROMESA de la Santísima Virgen dado en Pontevedra, y que lejos de pensar en fueran fantasías o elucubraciones de minorías sectarias, ha sido refrendado por el Papa y la Iglesia y que divulgan desde hace décadas diferentes asociaciones católicas que son divulgadoras de las apariciones de Fátima-Pontevedra.(Véase el libro del erudito Emilio Rodríguez Sánchez titulado: "75 aniversario de la aparición de la Santísima Virgen de Fátima y el Niño Jesús a sor Lucia en Pontevedra", editado por el Instituto de Estudios Eclesiásticos de Santiago de Compostela en 2008).

Es ahora por tanto, cuando surge la oportunidad de empezar a tomar conciencia de que ¡las piezas parecen encajar!. Colon con su fe en Cristo y en la protección especial de su Madre la Virgen Maria recoge la antorcha evangelizadora promovida por Santiago Apóstol hasta Finisterre, y con su valiente y trascendental viaje posibilita la llegada del Evangelio de Cristo al Nuevo Mundo. El espíritu evangelizador parece convertirse o revelarse así en el nexo mediador entre el papel evangelizador de Europa derivado del descubrimiento de la tumba del Apóstol, el papel desempeñado por el viaje del visionario Colón que -como Moisés- "abre la ruta" de la evangelización a América, y la importante aunque frecuentemente ocultada y muy desconocida todavía para muchos aparición de la Virgen en Pontevedra a Sor Lucia en pleno siglo XX, que nos llama personalmente a una urgente evangelización y conversión al Evangelio de nuestro Señor Jesucristo. ¿Son estos periplos o eventos frutos de la casualidad o ha ido respondiendo todo ello a un complejo y misterioso plan providencial asignado a Galicia y a España como plataformas evangelizadoras de las que gran parte de su población ignora o se resiste a conocer y apoyar?

A comienzos de ese siclo XXI y como fuera en el siglo XV, el desafío del proyecto evangelizador sigue pendiente y más necesario que nunca ante la necesidad de un cambio de dirección en la vida de las personas y de nuestro sistema global de civilización que está agonizante moral y espiritualmente. Ahora, cinco siglos después, podríamos considerar que la Cristiandad se vuelve a beneficiar de aquella lejana y heroica hazaña del viaje de Colon, al ver sus "frutos" evangelizadores con la llegada de Francisco, el primer nuevo Papa Americano venido de aquellas tierras lejanas para regir los designios de la Iglesia Católica universal, y paradójicamente tratar ahora de "re-evangelizar la secularizada y paganizada Europa". Desafío evangelizador que conlleva recobrar y fortalecer la dimensión espiritual del ser humano, redescubrir el verdadero poder del servicio a los demás, y combatir el peligroso relativismo cultural y moral desorientador derivado del "multiculturalismo", para el cual, cualquier sistema normativo o ético daría igual, y por tanto estaría justificando o dando carta abierta a una permisividad o anomia moral que conduce al egoísmo, la corrupción, la injusticia, la especulación financiera, el engaño, la violencia o el maltrato y la discriminación entre sexos, o que ignoran la dignidad y el valor sagrado de cada vida humana en cada una de sus etapas y en todas las circunstancias. No podemos ignorar la dignidad y los derechos de aquellos nasciturus vivos que no han nacido, los enfermos, los minusválidos, los desempleados y los desahuciados.

Son precisamente la aplicación pacifica de los valores y principios éticos universales que aportó Europa (conocidos como Derechos Humanos Universales) y que están también enraizados en el Evangelio y sintetizados en las Bienaventuranzas, elementos centrales de este proyecto evangelizador y cultural-misionero de ámbito mundial-universal, que para ignorancia de muchos, todavía continúa y sigue resultando un desafío a nivel personal y también colectivo para nuestra generación actual de creyentes y católicos, aunque sean también "tiempos recios los nuestros", como decía Santa Teresa de Jesús. Cada católico o creyente sin excepción -en España las encuestas revelan que un setenta por ciento de la población se confiesan todavía creyentes- es un misionero del Evangelio o Buena Nueva de la dignidad humana redimida por la Cruz y debe recordar que ha sido llamado por el Señor a proclamar su mensaje con palabras y con obras y buen ejemplo. Aunque para mantenerse fieles en ello también sea imprescindible -como nos recuerda la Iglesia y los mensajes de las apariciones marianas como la de Pontevedra- la conversión continua mediante la oración de corazón perseverante y la práctica asidua de los olvidados sacramentos. Y es que en el fondo, la Evangelización para que sea efectiva, y a la luz de la actuación y enseñanzas de Jesús, entraña "fundamentalmente" una batalla de tipo espiritual y no solo cultural o política, y para librarla en condiciones, necesitamos de la gracia y ayuda de nuestro Redentor, tal como parece le ocurrió al Colón gallego ahora al descubierto.

* Profesor de Psicología Social en la Universidad de Salamanca. Natural de Pontevedra.

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