Los liberteólogos están con Maduro

12.04.2014 | 01:26

Llama la atención que el presidente de Venezuela pida la mediación del Vaticano para negociar un acuerdo con los los partidos opositores. El mesianismo bolivariano desconfía de los poderes de este mundo y llama a los del otro en un intento desesperado por restaurar el orden nacional, perturbado desde el pasado febrero por revueltas callejeras que se han cobrado decenas de muertos, causado destrozos innumerables y llevado la convivencia al límite de lo imposible. Todo ello en el ambiente envenenado de una inflación que vacía los mercados de los más primarios productos de consumo y reduce a la nada la capacidad adquisitiva de la gente. No parece congruente que el anterior nuncio apostolico en Caracas, hoy encumbrado en la curia romana, esté en condiciones de aportar argumentos de conciliación polìtica en un conflicto tan enconado, teniendo además en cuenta que los obispos venezolanos se han pronunciado críticamente contra Nicolás Maduro.

Pero esta respuesta del presidente a los acuerdos de la cumbre de Unasur puede tener más sentido del que parece. La figura del papa Fancisco crece sin tregua en el liderazgo moral de la igualdad y la justicia, sin que sea perceptible en el mundo de hoy una personalidad politica equiparable. El seguimiento de la teologìa de la liberación, renacida con fuerza desde el inicio de este pontificado y muy identificada -por ahora- con el pensamiento de Francisco, ilustra una escala de valores digna de tomar en consideración. Más allá de todo populismo, los liberteólogos defienden con estimable rigor intelectual el régimen bolivariano y han criticado ásperamente el manifiesto de los obispos. No es difìcil apreciar coincidencias con determinadas circustancias del Chile de Allende, siempre amenazado por un golpe de inspiración capitalista que llegó a triunfar con una odiosa deriva dictatorial que, por suerte, no asoma hasta el momento en Venezuela.

Tal vez en esa línea del cristianismo deposita Maduro sus esperanzas de pacificación, lo que no deja de ser una patata caliente para la diplomacia vaticana. Si la invitación prospera, y más aún si es determinante en la pacificación y normalización del juego democrático, quedaria abierta una fòrmula novedosa para la solución de los confictos politicos en el área cristiana del subdesarrollo. Parecerá extravagante, pero lo único evidente es la impotencia de los poderes civiles para solventar enfrentamientos internos con los minimos de autonomía y consenso que permitan encauzar el camino de desarrollo y progreso de los pueblos, y sobre todo de las capas sociales que sufren en primera instancia los efectos de la discordia. Es algo que, por lo menos, merece atención y análisis.

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