Ruanda: la gran vergüenza

09.04.2014 | 01:20

Hace veinte años que ocurrió el increíble genocidio de Ruanda. Los hechos son conocidos. Unas 800.000 personas fueron asesinadas a machetazos en 100 días. La etnia en el poder en ese momento, los hutus, se lanzó a exterminar a la otra comunidad importante del país, los tutsis, que habían sido el grupo que dominó en el país años antes cuando Ruanda era una colonia belga. La chispa que desencadenó la matanza fue el mortífero atentado contra un avión en el que viajaba el presidente Juvenal Habyarimana.

La autoría del atentado nunca fue aclarada pero el odio entre las dos comunidades estalló. Las fuerzas del orden hutus se lanzaron desenfrenadamente a batir a tutsis, y a algunos hutus que intentaban protegerlos y bastantes civiles participaron en el genocidio. Los tutsis huyeron al Congo y desde allí bastante más tarde lanzaron una ofensiva que ha colocado en el poder a uno de ellos, al controvertido Paul Kagane, piropeado en bastantes latitudes por haber logrado desarrollar el país y criticado en otras por su dudoso respeto de los derechos humanos.

La herida del genocidio aún supura. No es fácil pedirle a toda una etnia que perdone y olvide las atrocidades cometidas contra su padre o hermano por un vecino o un conocido. El país, con todo, progresa y son muchos los que quieren pasar la página.

El genocidio de Ruanda es un caso de libro de la pasividad mundial y occidental. Aunque la magnitud absoluta de la masacre no trascendió en todos sus detalles, las Naciones Unidas y el mundo tenían noticias de que estaban ocurriendo auténticas barbaridades en el país. Curiosamente, los medios de información se hicieron un eco reducido. Es un misterio por qué. No se tenía conocimiento probablemente de que había un exterminio sistemático de una etnia pero el general canadiense que mandaba las tropas de la ONU informó de los excesos crecientes que estaban ocurriendo. (El contraste entre la reacción política y de la opinión pública en los casos de Ruanda y la intervención de Bush en Irak es pasmoso. Indiferencia total en un caso y activismo exaltado en otro)

El Consejo de Seguridad de la ONU, en el que por cierto estaba España, permaneció sorprendentemente pasivo. Información incompleta, divisiones en el mismo, lentitud en la reacción?todas las rémoras que se achacan a ese importante organismo se pusieron de manifiesto. Es sabido que en estos dramas humanitarios las potencias no occidentales como Rusia y China acostumbran, no se sabe por qué, a jugar un papel totalmente secundario. A menudo, parece como si el tema no fuera con ellas. En cuanto a los Estados Unidos, de quien siempre se espera que haga algo y se rasque el bolsillo, la actitud de Clinton también causó perplejidad. Es posible que el presidente americano, escaldado por su acción humanitaria en Somalia, en donde murieron de forma humillante y televisada varios soldados de su país, no quisiera meterse en un berenjenal y prefiriera dejar el tema a los europeos.

Y aquí es donde estalla el escándalo. Francia, "heredera" de la presencia belga en la zona, ha sido y es acusada no solo de haber cerrado los ojos sobre lo que estaba ocurriendo sino incluso, lo que parece un tanto truculento, de haber colaborado activamente en el genocidio. Hay comentaristas, conocedores del drama, que sin llegar a afirmar que los soldados franceses de la Operación Turquesa tomaron parte en los actos vandálicos sí concluyen sin ambages que la política africanista del siempre maquiavélico Mitterand le llevó, sin el menor escrúpulo, a cerrar los ojos ante las locuras letales de sus aliados hutus. La lista de acusaciones es densa, los soldados franceses entrenaron a los homicidas, los soldados de la Turquesa fueron enviados especialmente para evacuar a los genocidas hutus etc?Algún político actual ruandés ha incluso manifestado que en la embajada de Francia hubo reuniones de hutus planificando ciertas masacres.

El presidente Kagame, hábil como muchos políticos en distraer la atención de otros problemas, dijo anteayer nada menos que "Francia jugó un papel directo en la preparación y ejecución del genocidio". Aunque la afirmación suena a desmesurada va a servir para reabrir en Francia un tema que se quería olvidar. En mi época en la ONU, el comentario generalizado era que las invectivas de la participación directa era difícil de creer y sobre todo de probar pero que la inhibición de Francia durante el genocidio, minimizando tácitamente los hechos etc?, era bochornosa, vergonzante

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