Díaz Padrón en el patrimonio cultural de Europa

06.04.2014 | 01:56

Dentro de pocas semanas serán entregados en Viena los Premios Unión Europea de Patrimonio Cultural 2014 en sus cuatro apartados. El de Investigación ha recaído en el monumental estudio Van Dyck en España, del canario Matias Díaz Padrón, ex conservador jefe del Museo del Prado, que publicó en 2013 Editorial Prensa Ibérica, empresa matriz de este periódico. El presidente de la República de Austria, Plácido Domingo, como presidente de "Europa Nostra", y la comisaria europea de Educación y Cultura presidirán la ceremonia, en la que también serán anunciados y entregados los seis "grandes premios" que destacan a los mejores entre los ahora otorgados. La obra de Díaz Padrón es firme candidata a uno de ellos, por el contenido y la inmejorable calidad editorial de sus dos volúmenes,

Del mismo autor y empresa es la no menos exhaustiva obra El siglo de Rubens en el Museo del Prado (Catálogo razonado de la pintura flamenca del siglo XVII), distinguido en 1995 con el premio español a la mejor edición de libros de arte. Para los museos, bibliotecas universitarias y coleccionistas del mundo, la palabra del sabio investigador herreño siempre es la última y barre literalmente las aportaciones anteriores sobre el objeto de su estudio. La pesquisa planetaria de la genealogía de cada pintura, desde su primer esbozo hasta la plasmación final, va en paralelo con incontestabes criterios valorativos y contextualizadores. El seguimiento de la investigación, asombrosamente rica en descubrimientos de primera mano, es apasionante para cualquier lector, que accede placenteramente al definitivo juicio de autoridad elaborado durante muchos años por Díaz Padrón en el marco del Instituto Moll de Estudios de la Pintura Flamenca, que él dirige.

El trato cercano con el sabio es por sí mismo experiencia única, La sabiduría y la ironía se dan la mano en el relato verbal de sus trabajos y de las polémicas que suscitan si contradicen conclusiones "axiomáticas" de otros. Sorprende especialmente su sentido del humor y la divertida, contagiosa alegría, que dimana de su superioridad crítica. La reciente controversia sobre el formato pequeño de Las Meninas de Velázquez exhibido en el Museo del Prado, en la que defendió e impuso la tesis de que es un boceto del propio artista, no una copia posterior de distinta mano, condensa una trama casi novelesca a pesar de la complejidad extrema de la investigación. Lo cierto es que su trabajo, que con el Van Dyck ya forma parte, y para siempre, del Patrimonio Cultural europeo, está en el umbral del catálogo más restringido de los honrosos reconocimientos con los que Europa describe su alma y su personalidad en el mundo.

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