Misión arriesgada

03.04.2014 | 02:06

El muy comprensible y respetable dolor y la angustia de quienes esperan que alguien les devuelva el cuerpo de su ser querido no puede cegarnos hasta el extremo de no ver la realidad. Se habla en este caso de descender a un buque hundido a 56 metros. No es gran cosa si se miden a lo largo de un muelle pero,cuando se trata de bucear,la cosa cambia. Conlleva unos riesgos muy superiores a una inmersión normal. De hecho, hoy día, el límite para las inmersiones deportivas está establecido internacionalmente en 40 metros, y esto no quiere decir que a menos no haya riesgo. Lo que sucede es que, a partir de ahí, los riesgos aumentan desproporcionadamente.Pese a los avances tecnológicos siguen existiendo barreras,sobre todo fisiológicas inevitables.

Para empezar está el hecho de que el buceador no puede quedarse allá abajo todo el tiempo que quiera, aunque lleve aire de sobra. A partir de un cierto tiempo, distinto para cada profundidad, se verá obligado a detenerse por tiempos cada vez mayores durante la subida. De no hacerlo se arriesga a accidentes muy graves o incluso mortales. Esto es lo que se conoce como hacer "Descompresión". Para una profundidad como la del Mar de Marín, el tiempo libre ése se reduce a unos miserables minutos. Poco se puede buscar en un plazo así, de modo que hay que aumentar la estancia y asumir una descompresión que para un tiempo de búsqueda de unos 30 minutos, por ejemplo, significa más de una hora de subida.En medio del agua y en pleno invierno.

Luego está la visibilidad.La mayoría de la gente piensa que allí abajo es como en los documentales de la tele: mucha luz,colores brillantes y transparencia total. Las condiciones en nuestras aguas reducen la visibilidad, habitualmente, a un par de metros y, a veces, centímetros.Y en casos así,no sirve de nada llevar lámparas más potentes; sería como poner luces largas cuando hay niebla cerrada.Ves menos aún.

Y a partir de los 40 metros está el riesgo de sufrir narcosis,la popular borrachera de nitrógeno, un peligro real a tener en cuenta. Además están la s corrientes, bien sean estables o de marea que,en este caso se suponen fuertes; la naturaleza del propio entorno de la búsqueda; un buque dañado, útiles dispersos, mobiliario revuelto...También existe la posibilidad de que,como en otro caso reciente,el buque no esté asentado de modo firme en el fondo y oscile de forma errática e imprevista con el peligro que ello conlleva?Y un largo etcétera que sólo quien baja allí puede evaluar porque cada caso es único e impredecible.

Somos humanos y podemos cometer, y a veces cometemos, errores pero, todos los que toman parte en operaciones de rescate, desde los patrones al último marinero,pasando por los pilotos de helicóptero y submarinistas, son personas a quienes no les faltan ni el valor ni la decisión. Pero todos ellos saben,también que, en cualquier momento, las tornas se pueden volver y alcanzar el límite de lo humanamente posible y,cuando es así,no hay más que una opción. Ninguna operación de rescate puede considerarse un éxito si hay que volver con un ataúd más.

*Instructor de Buceo 3 Estrellas de Nivel 6

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