De vuelta y media

Cuando Abbe Lane conquistó Pontevedra

RAFAEL L. TORRE

18.08.2013 | 09:33

Abbe Lane, una de las mujeres más despampanantes de su tiempo, que brillaba con luz propia como vocalista de la orquesta del célebre Xavier Cugat, fue la gran sensación de las fiestas de la Peregrina del año 1956 con una actuación única en Galicia.
Los pontevedreses y las pontevedresas, como se dice ahora tontamente, tuvieron la oportunidad de ver a la reina del chachachá en pleno apogeo de su trayectoria artística y se rindieron incondicionalmente a todos sus encantos, que eran muchos. Ellos fueron a verla por amor al arte, naturalmente, mientras que ellas tampoco quisieron perderse su actuación en la plaza de toros por una mezcla de curiosidad malsana y algo de envidia cochina, con perdón.
El anuncio de su actuación en la noche del domingo 12 de agosto de aquel año, día de la Peregrina, provocó que algunas voces timoratas se rasgaran las vestiduras por la inclusión en el programa festivo de aquella americana que rezumaba sensualidad por los cuatro costados. Pero esas tímidas protestas fueron rápidamente sofocadas por el vendaval de aprobación y entusiasmo que suscitó la venida de Xavier Cugat y su orquesta, con Abbe Lane (pronúnciese "abi lein") incluida, de la mano del inefable empresario taurino Domingo Dominguín, hermano y apoderado de Luís Miguel, que estaba volcado con Pontevedra.
Como el Liceo Casino celebraba aquel año el centenario de su fundación, el semanario pontevedrés Litoral emplazó a su junta directiva a aprovechar la ocasión y festejar la efeméride en su parque de verano con una actuación de Abbe Lane. Lamentablemente la directiva que presidía Luís Fontaiña Serrapio no hizo ni puñetero caso a tan sugerente propuesta. Y como cualquier hijo de vecino, los socios de la entidad no tuvieron otro remedio que hacer cola y rascarse el bolsillo para disfrutar en la plaza de toros de la voz y el baile de la cuarta esposa de "Cugi" tras Lorraine Allen, que le organizó un cirio sonado al músico cuando descubrió su lío con aquella rival directa de la mismísima Marilyn Monroe.
El show montado por Cugat al gusto internacional estaba salpicado de números dispares: desde New Boopers, que hacían baile moderno norteamericano; hasta Duque James Cornell, que practicaban una especie de claqué; pasando por el trío Marni, unos franceses que tocaban la armónica de maravilla.
Xavier Cugat, productor de discos de Frank Sinatra y descubridor de Woody Allen entre otras hazañas profesionales, representaba la ortodoxia. Al frente de una orquesta perfectamente afinada de sesenta instrumentistas que sonaba de maravilla, el genial catalán encandiló al público que abarrotaba el coso pontevedrés con sus versiones exquisitas de piezas universales como Amapola, Siboney, Alma llanera, Tico tico, Cielito lindo y Cerezo rosa.
Y Abbe Lane era la heterodoxia misma de aquel variado espectáculo al que ponía broche final en su condición de figura estelar que se movía, ¡y cómo se movía!, en otra galaxia. Aquella especie de diosa inalcanzable, que entonces preparaba su debut cinematográfico nada menos que con Victorio de Sica en "Pan, amor y chachachá", tenía una forma distinta de decir las canciones y, sobre todo, de acompañarlas con unos movimientos absolutamente embriagadores.
Los pontevedreses y las pontevedresas disfrutaron de lo lindo con sus sensuales interpretaciones de "Me lo dijo Adela", "Historia de un amor", "Que será, será"? hasta la apoteosis final con su inigualable versión de "El negro zumbón".
Sin duda Cugat tenía un gusto envidiable para elegir a las vocalistas de su orquesta y luego convertirlas en sus esposas (tuvo cinco). Durante su paso por esta ciudad comentó con mucha picardía que el talento de su mujer estaba a la vista. Y Abbe Lane dijo que una buena vocalista debía tener "suerte, belleza y talento", y añadió con mucha modestia que ella contaba con "un poco de cada".
Al finalizar las fiestas de la Peregrina de 1956 todo el mundo estuvo de acuerdo en que Xavier Cugat y Abbe Lane ofrecieron el espectáculo más destacado de toda la programación sin discusión alguna.

La marimorena a punto

El espectáculo de Cugat en sí mismo obtuvo un éxito que nadie cuestionó. Pero todo el mundo apreció que aquella noche pudo armarse la marimorena a causa de una pésima organización.
La plaza de toros registró un lleno hasta la bandera y, sin embargo, solo se abrieron dos puertas para encauzar una verdadera avalancha humana. Esa situación que nadie corrigió sobre la marcha, provocó una afluencia muy lenta hacia el interior de los tendidos. Y los acomodadores se vieron desbordados para sentar a los retrasados en sus localidades, con las molestias consiguientes para quienes ya estaban ubicados.
El responsable del espectáculo se negó a retrasar su comienzo, que estaba anunciado para las diez y media de la noche. Cuando había pasado casi media hora, aún quedaba gente buscando su asiento en medio de una oscuridad total. Porque el suministro eléctrico también falló de manera estrepitosa durante la primera parte del espectáculo, corte tras corte. La ex compañía Gallega de Electricidad hizo honor a su mala fama y consiguió encender al público, que no paró de abroncar cada fallo del servicio.
Resulta fácil de imaginar la que se habría armado si esos cortes llegaran a producirse durante la actuación de Abbe Lane, cosa que afortunadamente no sucedió.

Pase de pecho con peligro

Abbe Lane y Xavier Cugat fueron al día siguiente los invitados especiales de Domingo Dominguín para presenciar una novillada con Jaime Ostos y Antonio Borrero "Chamaco", que mantenían una singular pugna. El legendario empresario taurino paseó en exclusiva aquellos días el espectáculo Cugat-Lane por las mejores plazas de toros y se forró.
El coso de San Roque registró tres cuartos de entrada en una tarde soleada, y la asistencia de Abbe Lane sirvió de reclamo al festejo taurino. Luego, el público más cercano a su asiento, se pasó la novillada con un ojo puesto en el ruedo y otro en el escote más que generoso de la vocalista, según testimonió alguien que estuvo allí y aún vive para contarlo.
Cuando un toro de "Chamaco", que tenía peligro, le lanzó un viaje que a punto estuvo de empitonarlo, Abbe Lane dio un salto en su asiento que provocó la apertura de su fina blusa, y un bufido más que sentido de admiración se oyó en toda la plaza que estaba atenta a sus evoluciones. Con una gran sonrisa, la cantante agradeció el reconocimiento del público, al tiempo que puso de nuevo las cosas a su sitio con mucha naturalidad.
Aquel incidente fue lo más destacado de una novillada para olvidar donde el triunfador fue "Chicuelo III", el tercero en discordia del cartel.

EL MEOLLO

La muestra de carteles festivos de la Peregrina

La biblioteca pública Antonio Odriozola ha combinado acierto, criterio y oportunidad en la programación agosteña de una deliciosa exposición sobre carteles de las fiestas de la Peregrina de todas las épocas. Cualquier devoto que se precie de estos festejos tiene una cita obligada en el vestíbulo de la biblioteca para realizar un entrañable viaje por una cartelería que se remonta al año 1884 y reúne a los mejores artistas locales de este singular género que plasmaron su particular visión de nuestras fiestas por excelencia. El meollo de la cuestión está en apreciar todo lo que tiene de reivindicación y denuncia esta muestra frente a la decisión tomada el pasado año por la concejala de fiestas, Carmen da Silva, de suprimir el tradicional cartel anunciador en aras a un supuesto ahorro que produce risa floja por su insignificancia en el presupuesto global.
El apagón de luces en la capilla de la patrona

La denuncia vecinal sobre las deficiencias que arrastra en plenas fiestas la iluminación del santuario de la Peregrina está más que justificada. La dejadez imperante en tantos asuntos cotidianos, que están a la vista, pero que no ven o no quieren mirar quienes deben, no merece más que una dura reprobación. Si la capilla no luce estos días sus mejores galas, alguien tendrá que explicar a qué otra época mejor tenemos que esperar para contemplar con la boca abierta un sistema de alumbrado de última generación, que el gobierno municipal anunció a bombo y platillo y que en 2008 costó casi medio millón de euros a todos los pontevedreses. El meollo de la cuestión está en señalar con el dedo a los responsables de este fallo garrafal, empezando por la cofradía de Nuestra Señora del Refugio y terminando por el propio Ayuntamiento.
El cierre de las Ruinas por la caída del capitel
n El desprendimiento de un capitel en las Ruinas de Santo Domingo no ha podido ocurrir en peor época, precisamente cuando este recinto monumental recibe más visitas. Pero dentro de todo lo malo que ha traído consigo este accidente por el cierre que conlleva inevitablemente, hay que agradecer a la providencia la hora de caída del capitel, cuando no había nadie recorriendo la antigua iglesia dependiente del Museo Provincial. A estas horas podríamos estar lamentando una verdadera catástrofe; de ahí la prudencia mostrada por Rafael Louzán a la hora de pronunciarse sobre las posibles causas. El meollo de la cuestión está en adivinar el alcance del accidente, vislumbrar por cuanto tiempo se prolongará el cierre y saber si esta incidencia reforzará la labor de mantenimiento que requieren las Ruinas de Santo Domingo.

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