Música y danza como motores en la enseñanza

JOAQUÍN RÁBAGO

02.06.2013 | 06:13

Mientras en otros países europeos se potencian las clases de música y danza, en el nuestro se recortan las ayudas y subvenciones. Ya lo decía el viejo eslogan turístico de tiempos de Fraga: "España es diferente".

En la vecina Francia, 830 clases de escuelas elementales y colegios públicos se han transformado en otras tantas pequeñas orquestas integradas por más de 22.000 pequeños músicos. Se trata de una idea que se lanzó hace ya catorce años y que está dando sus frutos.

No es que todos esos chicos y chicas vayan a convertirse un día en instrumentistas, ni mucho menos, pero, lo que es más importante, la práctica en común de la música, además de proporcionarles placer, lo que ya es mucho, se ha demostrado que mejora su rendimiento escolar en otras disciplinas, es decir los convierten en mejores estudiantes.

Varios estudios demuestran en efecto que allí donde se ha llevado a la práctica esa idea, ha mejorado la nota media de los alumnos, su nivel de ambición y de confianza no solo entre ellos mismos sino también en relación con los adultos.

En el Japón, en Canadá, en Alemania, más avanzados en ese sentido que Francia, todos los niños reciben en la escuela una educación musical. Se les enseña, esto es, la práctica de un instrumento, da igual que sea la flauta o el trombón que el piano.

Algo similar ocurre también con la danza por ejemplo en Alemania, patria de grandes coreógrafos como John Neumeier o la ya fallecida Pina Bausch, donde se ha creado una red federal llamada "Tanz in Schulen" (Danza en las Escuelas).

En ese país, bailarines, coreógrafos y otros artistas colaboran con los maestros de todos los niveles para desarrollar proyectos que acerquen la danza a los alumnos y estimulen su capacidad de improvisación y su creatividad.

Estudios llevados a cabo en ese país demuestran que, al igual que ocurre con la música, la danza mejora el rendimiento general de los alumnos, los motiva, los ayuda a centrarse.

Y por si esto fuera poco, la danza contribuye también a una mejor integración de los escolares de distinto origen -por ejemplo, de los turcos en el caso de Alemania- y a la interrelación entre personas de distintas generaciones: así, en algunos casos se ha juntado a niños y ancianos en una clase de danza.

A diferencia de lo que ocurre entre nosotros, el Gobierno alemán ha prestado millonario apoyo económico a proyectos relacionados con la danza, en especial a la creación de alianzas entre los colegios de primera y segunda enseñanza y las escuelas y compañías de danza. ¿No sería hora también aquí de imitarle en lugar de seguir, como ocurre aquí, el camino contrario?

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