Hacienda tampoco es igual para todos

MATÍAS VALLÉS

26.05.2013 | 04:12

Entre las numerosas acepciones de la frase regia "la justicia es igual para todos" no se ha analizado en profundidad la hipótesis de que se tratara de un sarcasmo dirigido por el Rey a sus súbditos, por utilizar un término constitucionalmente inexacto. A falta de decidir si compensa poner en juego al Estado para facilitar la vida de un personaje de segunda división como Cristina de Borbón, la socia del saqueador ha servido para demostrar que Hacienda tampoco es igual para todos. La Agencia Tributaria acaba de superar la velocidad de la luz. Ha desmontado para la eternidad la leyenda negra sobre la burocracia mastodóntica. El jueves 23, a las nueve horas exactas de la noche, fuentes no atribuidas del citado organismo comunicaban a medios selectos la "ultimación" de un informe que exoneraba a Cristina de Borbón de cualquier sombra de delito fiscal. Se da la circunstancia de que la puesta en marcha de esta investigación solo fue reclamada al día siguiente por la instancia autorizada para indagar en la conducta penal descrita, el juzgado de instrucción. El juez Castro desnuda a la Infanta, la Audiencia la desimputa y la Agencia Tributaria la desinvestiga. El retorcimiento verbal ejemplifica la alteración de la función habitual bajo la que fueron concebidas las instituciones ahora exculpatorias. El "principio de veracidad" hay que ganárselo. De momento, Cristina de Borbón comparte el trato preferente tributario brindado en episodios recientes a ilustres personajes como Correa, Díaz Ferrán, Bárcenas o Matas. Baltasar Garzón, expulsado por perseverar en una instrucción, resumió las desimputaciones y desinvestigaciones de la Infanta en el estribillo "justicia para ricos, justicia para pobres". En su cualificada opinión, las censuras en paralelo al juez Castro "exceden la sana crítica". A estas alturas, el matrimonio de socios Borbón/Urdangarín va camino de salirse con la suya en la empresa que crearon "únicamente para defraudar", según la Audiencia. Sin devolver un euro, sin reconocer el mínimo error, con alguna recompensa catarí en lontananza. Desde el punto de vista siempre simplificador de la decencia, factor que por lo visto no impresiona en La Zarzuela, cuesta hallar diferencias entre los comportamientos de Cristina de Borbón y de su socio.

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