Concordato y discordato

Guillermo García-Alcalde

22.05.2013 | 09:20

Que los socialistas presenten una enmienda a la totalidad contra la LOMCE o planteen recurso de inconstitucionalidad tiene relativa importancia práctica. La enmienda sería rechazada por la mayoría parlamentaria y el recurso puede resultar inadmitido o dilatado a gusto y conveniencia del Tribunal. Los argumentos ya están en debate público y escasa novedad habrá en ambas iniciativas. Lo verdaderamente novedoso será plantear la revisión del concordato con el Estado vaticano. También esto va a chocar contra el mayoritario PP, pero entrarían en debate general las claves del ascenso de la asignatura de Religión desde el nivel de "maría" (que ya tenía en el franquismo más "beaturro") al de materia evaluable a la hora de cerrar las puertas de la enseñanza pública a los alumnos más problemáticos o menos entusiastas. Esta "selección natural de las especies discentes", que es el núcleo de la aberrante "ley Wert", tiene mucha más trascendencia que la obligatoriedad de la citada asignatura, pero al meterla por la puerta chica se retrata, una vez más, el flojísimo Gobierno que padecemos. Los rankings y las evaluaciones internacionales, que en tan mal lugar dejan siempre a la enseñanza española, van a dar un vuelco gracias a la Religión, no lo duden. No más PISA deprimentes, ni más tasas perversas de fracaso y abandono escolar. Los jerarcas católicos han pasado factura a la derecha y la derecha la paga sin rechistar. Todo resuelto. El Espíritu Santo sabrá retribuir la inteligencia de los escolares troncos si son buenos en Religión.
La revisión del concordato tendría que poner al alcance de cualquier ciudadano las materias que vincula, muchas más que las comúnmente conocidas y casi todas extrañas a un Estado aconfesional. Los socialistas tienen una oportunidad de revitalizar la reforma del Estado poniendo en los medios y las redes de comunicación sus argumentos sobre esa curiosa excepción de la política española. Las tertulias, los debates y las columnas de opinión harán el resto, y las encuestas dirán la última palabra. Con esto no habían contado los Rouco Varela y compañía.
Merecería la pena considerarlo como estrategia creadora de opinión, ya que el destino formal de las discrepancias es estrellarse en la mayoría del PP, que tan solo invoca unidades y pactos de Estado para lo adjetivo. En lo sustantivo, lo que toca es gobernar, faltaría más. La marcha atrás que trama Gallardón en la legislación del aborto hostiliza a la mayoría de la población, sobre todo femenina, y no tiene más recorrido que el de la duración de este Gobierno menesteroso. El proyecto educativo recién aprobado persigue la privatización del sector, con los intereses de los obispos a buen recaudo por si la privatización es de mayoría laica. La hoja de ruta de la contrarreforma para cuando caiga Rajoy y parece un vía crucis. Salvo que el buen Papa Francisco diga basta...

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