Siempre nos quedarán los jueces

G.GARCÍA- ALCALDE

19.05.2013 | 03:42

Tres pajarracos de alto copete han quedado inhabilitados de hecho para siempre y jamás. Gerardo Díaz Ferrán, que va para un año en la trena, fue el primero; le siguió sin cárcel Afredo Sáenz, y Miguel Blesa es el último enrejado por ahora. Parece que los intocables en sentido hispánico empiezan a serlo en sentido hindú, lo que ilustra un cambio significativo. También Luzbel fue un ángel caído, quién iba a decírselo, pero el conflicto que montó para vengarse no está al alcance de los sátrapas locales aunque se forren con pensiones de infarto. La lista sigue abierta y, permítalo o no la autoridad competente, habrá más batacazos de similar calibre. Las causas abiertas contra ex-dirigentes de cajas y bancos quebrados son numerosas, y habrá que ver cómo ruedan los asuntos de empresarios que apadrinaron al PP con pingües beneficios para sus dirigentes, Luis Bárcenas y los bancos suizos. Es indudable que España está cambiando, no por el desdichado "programa reformista" del gobierno sino por el coraje de los jueces independientes. A los que expulsaron a Garzón les queda, por suerte, muy poco recorrido. Los que enfrentan su independencia en los tribunales ordinarios a las consignas de la justicia oficial -Fiscalía y Abogacía del Estado- representan hoy un valor inestimable. No es relevante que las denuncias nazcan a veces de un sindicato ultra, porque lo verdaderamente decisivo es la independencia y el tesón de los grandes jueces. Si no lo son ya, serán en poco tiempo el estamento más estimado en las encuestas.

La impunidad de los manipuladores del dinero tendrá de aquí a poco un final homérico. Cada imputación, cada causa, cada condena sientan precedentes depuradores donde antes mandaba en régimen de compadreo la ley de la rapiña. La regeneración de nuestra democracia ya es algo más que la desiderata verbal de los partidos políticos, predicadores de logomaquias pseudo-éticas que nunca pierden de vista la posible inculpación de los iguales. El poder judicial restaura un modelo tan sofisticado e insólito como el de cumplir la ley y hacerla cumplir. Las campañas de intoxicación ya están en la calle y en los medios, pero que tengan cuidado los apuntadores de no acumular en los autores intelectuales más sospechas de las que ya arrastran. Esperamos la entrada en vigor y el cumplimiento estricto de la Ley de Transparencia pactada por unanimidad. Pero si no empieza rasgando los telones que ocultan la verdad de la Gürtel y de los Eres andaluces, que expliquen de qué transparente alibí están hablando.

En la desordenada melée del cambio, las autonomías de mayoría PP rechazan la injusta asimetría que el gobierno intenta imponer en el objetivo del déficit, mientras que docentes y discentes obligan a retirar la LOMCE el mismo día señalado para su aprobación. Es difícil saber si algo funciona en este doliente país. Pero aunque nada funcione, siempre nos quedarán los jueces.

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