Ilustres

La importancia histórica de la calle Progreso

JOSÉ EGUILETA FRANCO

19.05.2013 | 03:42

A mediados del siglo XIX la ciudad de Ourense sigue encerrada dentro de unos límites que casi coinciden con el espacio urbano medieval, salvos algunos alargamientos de calles ocasionados por los asentamientos de los conventos de los Dominicos, donde hoy está el edificio de Hacienda, y Jesuitas, en torno a la iglesia de Santa Eufemia.

Una ciudad casi coincidente con la que diversos investigadores han venido proponiendo hasta ahora. Debemos decir que las intervenciones arqueológicas no ayudan mucho al respecto, ya que difícil y ocasionalmente remontan una trama urbana más allá de los últimos siglos del medievo, por lo que gran parte de los datos provienen de la documentación escrita a partir, aproximadamente, del siglo XII.

Parece que, al menos desde entonces, se configura, en sus líneas generales, una ciudad organizada en torno a largas calles longitudinales en sentido sur-norte (o viceversa) ocupando las laderas y pequeños aterrazamientos existentes entre el Monte Alegre y el río Barbaña.

Los viales modularon una estructura viaria de marcado carácter longitudinal a través de las actuales calles de Julio Prieto-Hernán Cortés, Colón, Vilar-Cervantes-Barreira o, una vez rebasada la Catedral de San Martiño, sus prolongaciones septentrionales, representadas por las de Lamas Carbajal, Paz, Lepanto o Fornos, además de la continuación hacia el norte facilitada por la calle de Santo Domingo. Por el naciente se encaramaban por la ladera huertas y viñedos, mientras que el nuevo convento de San Francisco, a modo de atalaya, vigilaba la ciudad.

Ladera abajo, hacia el Barbaña, empezaban a aparecer una serie de edificios oficiales, como la Cárcel Vieja, casi rematada en 1836 con un proyecto del académico y arquitecto Alejo Andrade Yáñez, que acompañan otros ya existentes, como el matadero de As Burgas y el Hospital de San Roque, antes situado en el lugar que hoy ocupa Correos, y cuya entrada monumental fue trasladada a la Praza da Trindade, cerrando la entrada al atrio de la iglesia, gracias a las gestiones de los miembros de la Comisión de Monumentos de Ourense.

A lo largo de la historia, influyeron varias causas en el desarrollo urbano del Ourense que hoy conocemos. Uno fue su carácter de ciudad episcopal desde la Tardoantigüedad. Pero también fue muy importante, a diferencia de villas más o menos prósperas de la provincia, el hecho de ser capital de aquella. Todo esto a partir de la división provincial de 1833 de Javier de Burgos, secretario de Estado de Fomento de la Reina Regente María Cristina de Borbón. Ourense pasó a ser una de la cuarenta y nueve provincias creadas según un modelo centralizado similar a del estado francés. Aunque el efecto no fue inmediato, evidentemente la ciudad de Ourense estaba llamada a ser centro de importantes servicios, además de formar parte de una red de comunicaciones con otras capitales provinciales.

En este contexto se planifica la carretera Vigo-Villacastín, para unir la ciudad costera con Madrid a través de aquel importante nudo viario y de las poblaciones importantes intermedias. Esta carretera será, por así decirlo, la primera circunvalación de la ciudad. Parece que el tramo que la bordea está rematado hacia 1840, aunque continúen las obras de la carretera en otros lugares prácticamente hasta veinte años después.

Una vez que el vial se consolida, pasará a formar parte de la ciudad. Producirá un efecto evidente de atracción, incluyendo nuevas edificaciones que modificarán el callejero. Vemos así como las algunas calles se "estiran" hasta contactar con el nuevo vial, provocando un alargamiento del espacio urbano hacia poniente. No hay más que fijarse en los trazados de nuevas calles, que empiezan a formar una traza ortogonal alrededor de la ciudad anterior. Algunas son de nueva creación, como García Mosquera o Cardenal Quiroga, mientras que otras se renuevan y/o ensanchan, como les ocurre a las de O Baño, Lugo o Concordia.

Consideramos que unas y otras, en combinación con la nueva calle Progreso, son un excelente ejemplo de la entrada de Ourense en la "modernidad", hecho que no había coincidido con el inicio de la Edad Contemporánea, en la que la ciudad entra con el aspecto que muestra el conocidísimo plano de Francisco Coello.

La nueva calle-carretera, justificará su propia denominación, de rúa "Progreso" ya que, una vez consolidada con la construcción del puente murallón de As Burgas -que salva esa profunda vaguada- acogerá importantes edificios característicos del Ourense de la Restauración, como la Diputación, que también se utilizaba como Audiencia y Gobierno Civil (y que antes había sido almacén de la familia Bobo), el Banco Simeón, el Hotel Roma, el nuevo Palacio Episcopal o los numerosos edificios comerciales y residenciales, algunos tan significativos, entre otros, como la Casa Fábrega, el de la Ferretería Villanueva o el de los Establecimientos Álvarez, hoy desaparecido.

Por primera vez, la ciudad escapa a aquellos límites encorsetados, abriéndose y mostrando una nueva calle de actúa como fachada de la modernidad y que, como junto con otras que citábamos, también mantiene su fuerte tendencia norte-sur, fruto de una ciudad con marcado carácter viario.

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