Un millón

Merkel y el dogma

14.05.2013 | 07:35

Las preguntas obvias de la demoscopia dan algunas respuestas obvias de las opiniones de los españoles, como que el 85% cree que las políticas económicas que emanan de la UE responden más a los intereses de Alemania que a los de otros países.
Esto que recogen las encuestas se tiene tan claro que una parte de la peña que hace "pedagogía" en las tertulias no pierde ocasión de pedir que no se culpe a Angela Merkel. ¿Por qué no? Si las acciones de nuestro inútil Gobierno están limitadas por una política de austeridad que beneficia a Alemania y que en España hace perder empleos, bajar salarios, empeorar las prestaciones sociales y, en definitiva, arruinarle la vida a millones de personas, ¿por qué no ponerle nombre, apellido y cara a una de las máximas responsables del desaguisado? Contesto a la pregunta retórica: porque esos defensores de Merkel creen en el dogma y no les gusta que la realidad no lo confirme.
Mientras tanto, Merkel tiene el comportamiento ejemplar para convertirse en un villano perfecto: valores morales roñosos, actitudes personales tan poco agraciadas como la testarudez y comportamientos políticos mezquinos. ¿Por qué no criticarla? Lo malo sería criticar a los alemanes, esos a los que transmite la idea de los vagos europeos del Sur.
En la poderosa Alemania cerca de 1,3 millones de trabajadores a jornada completa reciben subsidios sociales adicionales porque sus sueldos no alcanzan para vivir. El triple que hace 7 años, o sea, una tendencia que se consolida. Un negocio que no da para pagar los impuestos no es negocio. Un trabajo que no da para vivir no es un trabajo.
Un país que no te permite vivir en él no es tu país. Alemania aún es un país para los suyos porque allí son compatibles el trabajo y las prestaciones asistenciales, algo ideológicamente indeseable, pero necesario en la práctica y que pone en su sitio el dogma.

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