Tomar el Parlamento (europeo)

XAVIER DOMÈNECH

13.05.2013 | 07:32

Estos días se echa en falta la voz del Parlamento Europeo. Esa entidad metafórica llamada Bruselas no deja de tomar decisiones que nos afectan, y no parece que nadie la controle. Hay un tal Olli Rehn, vicepresidente de la Comisión Europea, al que todo el mundo mira como el oráculo que nos dirá si ya basta de austeridad o si debemos continuar sufriendo. Un señor que ha sido puesto en el lugar que ocupa por el presidente de la Comisión, Durao Barroso, con la aquiescencia de los gobiernos liberales y conservadores europeos. Y por si no se acuerdan, Barroso era la cuarta figura del encuentro de las Azores. Aquella reunión para impulsar la invasión de Irak tuvo tres tipos de fotografías. Las publicadas en Estados Unidos y en Gran Bretaña mostraban al presidente George W. Bush y el primer ministro Tony Blair. Las publicadas en la prensa española abrían un poco el campo y también enseñaban a José María Aznar, el tercer hombre. Y sólo las publicadas en Lisboa recogían más o menos sistemáticamente la figura de Barroso, que oficiaba de anfitrión, ya que las islas Azores son territorio portugués. Este es el presidente de la Comisión Europea y el jefe de Olli Rhen: uno de los artífices de la invasión de Irak. Cabe recordarlo, para que nadie lo confunda con una especie de funcionario sin ideología. A los ciudadanos de los estados de la Unión se nos escapa el mecanismo por el cual ha Barroso llegado al cargo que ocupa. Por variados mecanismos nos gobierna, pero no lo hemos elegido. Esto se llama déficit democrático, y es una de las causas de la desafección europea. Pero se aproxima una novedad fundamental. El año que viene tocan elecciones al Parlamento Europeo, y gracias al Tratado de Lisboa, la nueva cámara tendrá la posibilidad de elegir a un nuevo presidente de la Comisión, o de echar al que haya. Que sea un apóstol de la austeridad o un abanderado del crecimiento dependerá pues de la correlación de fuerzas en la cámara, es decir, del voto de los europeos. Si hay un momento para crear una gran coalición internacional contra los excesos de la austeridad, es ahora. Si hay una ocasión para elaborar programas comunes que liguen los partidos afines de los diferentes estados, es ahora. Y la novedad extrema sería que las grandes familias políticas europeas -populares, socialdemócratas, liberales...- fueran a las elecciones con su candidato a presidente. Pero todo hace pensar que la tendencia real va en sentido contrario: los planteamientos electorales serán más nacionalistas que nunca.

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