Comercio tradicional y complejos comerciales

SANTIAGO LAGO PEÑAS*

12.05.2013 | 10:19

La polémica sobre el nuevo complejo comercial de Porto Cabral reabre un debate recurrente. Un debate que puede plantearse como el choque de intereses privados, sobre todo en un contexto recesivo para el consumo. Los comerciantes tradicionales ven con temor que las grandes superficies y complejos comerciales se lleven una parte significativa de su cuota de mercado y eso lleve al cierre de establecimientos. Por su parte, los segundos ven legítima su aspiración a competir y ganar clientes. Y estos, en principio, tienden a ver con buenos ojos cualquier incremento de oferta y de competencia. Puro mercado.

Mi opinión es que las cosas son más complejas. Porque el tipo de comercio y su ubicación no es irrelevante desde un punto de vista social ni urbano. Lo que le pase al comercio de una ciudad puede alterar la fisionomía y la vida de una ciudad.

El comercio del centro de las ciudades tiene un valor que va más allá del interés del comerciante. En realidad supone un activo para nuestras ciudades, por lo que en una fase en la que todos nos preocupamos por la planificación estratégica a escala local es un sinsentido abandonarlo a su suerte. Yo me decanto por esta posición. El comercio en el centro de las ciudades aporta alegría ("ilumina las calles") y dinamismo; es el que puede ofrecer originalidad y conocimiento especializado frente a la estandarización y el no lugar de las grandes superficies y las cadenas comerciales; y puede decantar la visita turística a una ciudad o a otra, cuando las grandes superficies se repiten por doquier y el tren de alta velocidad elimina barreras. Llevar tiendas y clientes a la periferia de las ciudades, al más puro estilo norteamericano, es apostar por un modelo urbano que no es el tradicional de España ni de Galicia, ni es necesariamente el mejor en el largo plazo.

Por supuesto, lo anterior no significa vetar por principio la instalación de grandes superficies. Más bien, de lo que se trata es de fortalecer el comercio del centro, utilizando como palanca el tejido asociativo existente y las competencias locales y autonómicas disponibles, al tiempo que se es prudente a la hora de tomar decisiones sobre la instalación y ubicación de nuevas superficies y horarios comerciales, analizando cómo pueden afectar estas decisiones a la ciudad, no solo desde el punto de vista del empleo y las ventas, sino también las dinámicas urbanas.

@SantiagoLagoP

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