Del espectador colectivo al espectador individual

JESÚS NOVÁS (*)

11.05.2013 | 09:46

La pérdida de espacios de exhibición cinematográfica puede entenderse coma una tragedia, pues certifica la defunción de la propia esencia del cine: ver una película era compartir espacio y tiempo con el prójimo.

Este paradigma ha variado profundamente debido a una revolución tecnológica que ha promovido un sistema de exhibición y consumo basado en el alto grado de interacción otorgado al espectador, una circunstancia que ha alterado radicalmente la manera de consumir las películas, que han pasado de un espectador colectivo a uno individual en poco tiempo.

Si tenemos en cuenta que los sistemas de distribución vertical bloquean el acceso a las carteleras a multitud de obras que no alcanzan la ansiada visibilidad; que los medios de producción cinematográficos demandan grandes inversiones económicas para poder competir con otras ofertas de consumo; que los gravámenes económicos aplicados a las entradas no favorecen la asistencia a las salas; que el mantenimiento de las mismas se antoja imposible incluso en grandes áreas urbanas si no se refuerza la oferta cinematográfica tanto con un modelo de programación racional como con complementos atractivos? o que tanto la sociedad española como sus instituciones no valoran en su justa medida la importancia de nuestro patrimonio cultural, semeja natural que las salas de la ciudad cierren sus puertas.

Pero con ello se cierra así también la posibilidad de mantener una forma de ocio y también un modelo de relaciones sociales que forma parte de la historia privada y pública de nuestra ciudad de Pontevedra.

(*) Historiador, crítico de cine y programador cultural.

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