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ETA y el aborto

Juan José Millás

10.05.2013 | 07:28

Seamos sinceros: a ministro de Cultura llega cualquiera, y no lo decimos por Wert, que es un buen ejemplo, sino en general, por los que hemos ido teniendo o padeciendo a lo largo de los años. Con decir que Esperanza Aguirre ocupó ese departamento ya está dicho todo. Esperanza Aguirre, por si ustedes no caen, es la señora que se refería a Ruiz Gallardón, su compañero de partido, como "el hijopunta ese" al que habían logrado arrebatar un puesto en el consejo de Caja Madrid. No sabemos si, fruto de aquel arrebato, pasó luego lo que pasó en la entidad financiera. Hay otros ministerios para los que tampoco hace falta una preparación especial. Si el de Sanidad, por ejemplo, requiriera un grado de sentido común superior al de la media, no podría ocuparlo Ana Mato. No seremos crueles con ella. Entren en youtube y pinchen cualquiera de sus declaraciones acerca de cualquier asunto humano o divino. Tampoco el de trabajo, habida cuenta de la idiosincrasia de la ministra Báñez, exige estudios superiores, ni siquiera inferiores. Basta con ser devoto o devota de la Virgen del Rocío, que tanto hace por aliviar nuestro paro.
Podríamos continuar citando departamentos cuyo único mérito para dirigirlos consistiría en estar en el sitio adecuado en el momento adecuado. Se lo decía Zapatero a su mujer todas las noches: "No te maginas, Sonsoles, la cantidad de gente que podría presidir España". Quien dice España, dice Cataluña o Extremadura o la Comunidad Valenciana. A medida que uno se hace mayor y repasa los nombres que ocuparon puestos claves de la política o de las finanzas, incluso puestos claves del mundo sindical, tiene que reconocer que, salvo excepciones, se le exige más preparación a un croupier del casino de Torrelodones que a un administrador de las cuentas públicas.
Pero hay una excepción, que es el ministerio de Interior. Para ocupar esa cartera hay que ser muy listo o muy malo, cuando no muy listo y muy malo a la vez. Y ello por una razón sencilla: porque es el departamento que ha de lidiar con gente mala y lista, en ocasiones muy mala y muy lista. Por eso, al escuchar a Jorge Fernández Díaz que el aborto y ETA tenían algo que ver, se quedó uno a cuadros. ¿Podría también un idiota cualquiera (yo mismo) ocupar esa silla?

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