Síndrome del colapso de las colmenas

05.05.2013 | 00:00

Dave Hackenberg ganaba la vida pastoreando abejas. Transportaba en camión las colmenas de campo en campo para polinizar flores al tiempo que hacía su miel. La trashumancia del alado ganado lo llevaba a los cultivos de melón en Florida, a los manzanales de Pensilvania, a las plantaciones de arándanos en Maine, a los almendrales de California. A Hackenberg los agricultores le pagaban para que instalara las colmenas en sus tierras toda vez que al ser las abejas vectores de polinización aumentaba el rendimiento de las cosechas, que sería prácticamente nulo sin las rubias y afanosas avecillas.

Un tercio de la producción agrícola mundial depende de la abeja doméstica europea, Apis mellifera, especie adoptada por los apicultores de los países occidentales, cuya actividad es especialmente importante en los monocultivos. Debe relativizarse, no obstante, la importancia de esta especie en relación con otros vectores también en peligro. La reproducción mundial de más del 80% de las especies vegetales depende directamente de los insectos polinizadores (abejas domésticas y salvajes, 25.000 especies, mariposas, algunas especies de moscas libadoras, etc.) Sin la acción de los vectores polinizadores en el ciclo de reproducción -esencial a las especies vegetales y a la fauna que estas amparan- el ecosistema actual no podría sobrevivir. Nuestro mundo, tal como lo conocemos actualmente, cambiaría completamente de apariencia. Sin duda a peor.

Como solía desde hacía cuarenta años, en otoño de 2006 Hackenberg emigró con familia y colmenas desde la residencia de verano a la de invierno, en Florida. Las colmenas que dejó en Pensilvania desbordaban de abejas. Cuando volvió a buscarlas un mes después encontró solo jóvenes obreras y reinas. Más de la mitad de la colonia -3.000 colmenas- estaba desierta. Pero no halló ningún cadáver de abeja. Pasado un semestre habían sobrevivido, si bien diezmadas, menos de 800 colmenas. Con datos de las investigaciones pertinentes en mano, los entomólogos que Hackenberg contactó -Dianne Cox-Foxter y Dennis van Engelsdorp- bautizaron el fenómeno "Colony Collapse Disorder" ("Síndrome del colapso de las colmenas" o "Problema del colapso de las colonias de abejas") No es para menos, en la primavera de 2007 más de la tercera parte de las colmenas de EE UU habían desaparecido. En el invierno siguiente la hecatombe se extendió afectando casi al 40% de los apicultores norteamericanos.

Ya antes las abejas sufrieran males que habían reducido el parque norteamericano de colmenas de cinco millones en 1949 a la mitad en 2006. Previamente al síndrome, un ácaro, la varroa, tuvo un impacto del 45% en la disminución de colonias de abejas en el mundo entre 1987 y 2006. Pero aunque la desaparición de obreras viene de lejos nunca se habían observado características tan inquietantes y anormales como las de ahora. En primer lugar, las abejas desaparecen masivamente abandonando colmena y reina, fenómeno jamás observado anteriormente en insectos sociales. En segundo lugar, las pérdidas son brutales y rapidísimas: un colmenar puede desaparecer en una noche sin dejar ni un solo espécimen en plaza. Se constató además despoblamientos de la misma envergadura en otras regiones del globo.

Cox-Foster y Van Engelsdorp, excluyeron rápidamente varias causas posibles pero improbables del "síndrome del colapso de las colmenas" para centrarse en factores probablemente implicados simultáneamente en una sinergia mortal (efecto cóctel) Esto es, no detectaron la presencia de un único culpable. Por el contrario, diagnosticaron el síndrome como una enfermedad compleja, multifactorial, difícil de erradicar al entrecruzarse las causas. Lo cual significaría perturbaciones de débil amplitud unitaria pero terribles consecuencias cuando los factores se asocian.

Aunque el mundo descubrió el ahora famoso Colony Collapse Disorder por los entomólogos norteamericanos, años antes los apicultores europeos habían alertado de extraños casos de desaparición de enjambres domésticos sin ser capaces de atribuirles una causa concreta. Cruzando datos de distintos centros de investigación europeos y norteamericanos pueden enumerase cuarenta factores, repartidos en cinco categorías, susceptibles de contribuir potencialmente al aumento anormal de la mortalidad de las abejas: 1) agentes biológicos; 2) agentes químicos (pesticidas); 3) entorno; 4) prácticas apícolas; 5) otras causas.

Con estos precedentes, llegamos al anuncio de la Comisión Europea del 29 de abril suspendiendo por dos años, a contar desde el 1 de diciembre, tres pesticidas ( las tres moléculas prohibidas pertenecen a la familia de los "neonicotinoides", al parecer tóxicos para las abejas) empleados en cuatro grandes cultivos: maíz, colza, algodón y girasol. Decisión inédita en todo el mundo.

Tras una primera votación en marzo contraria a la prohibición (voto del Comité permanente de la salud animal y de la cadena alimentaria) la Comisión Europea se vio respaldada por 15 Estados miembros, entre ellos España, de un total de 27. Cuatro se abstuvieron y ocho, capitaneados por Gran Bretaña e Italia, votaron en contra. En situaciones como esta, en las que no se alcanza mayoría cualificada sino simple, la Comisión tiene potestad para decidir. Las votaciones se llevaron a cabo a petición de la Comisión que previamente había recabado un informe a la Autoridad Europea de Salud Alimentaria (EFSA, por sus siglas en inglés) La EFSA fue consultada por la Comisión Europea a raíz de la publicación en Science y Nature Communications (2012) de dos artículos críticos para con el empleo de algunos neonicotinoides en ciertos cultivos habida cuenta de los efectos deletéreos.

Desde hace casi veinte años, se sospecha que la neurotoxicidad de las tres moléculas a las que se aplicará la moratoria, veto bianual, afecta a la habilidad navegadora de las abejas, muchas de la cuales no logran volver a las colmenas pereciendo en la naturaleza. Lo más probable es que la acumulación de diversos factores conduce, cuando actúan conjuntamente, a una potenciación mortal que disminuye el número de abejas salvajes en el corto plazo y de las domésticas en el medio plazo. Hay un punto sin embargo en el que todos los investigadores se ponen de acuerdo: la desaparición o descenso de los vectores de polinización provocaría un impacto catastrófico al constituir un elemento determinante en la cadena interactiva de los ecosistemas.

Suscriptor | Opinión

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

A vueltas con el congreso del PP de Cangas

Que me tienen loco con el congreso local del Partido Popular de...

 
 

ANXEL VENCE

Vacaciones con mando a distancia

Aunque por la barba y el continente recuerde a un prócer...

 
 

JOAQUÍN RÁBAGO

Los medios no le dan tregua

Los medios de Estados Unidos, tal vez arrepentidos de no haber hecho lo suficiente para evitar...

 
 

ISABEL CALLE SANTOS*

Amor obsesivo como enfermedad

En 1979, la psicóloga Dorothy Tennov, publicó el...

 
 

MANUEL TORRES

El Museo del Mar

Desde hace tiempo unos marinenses, hombres de la mar, se han propuesto conseguir un local, con...

 
 

DANIEL CAPÓ

Plena soberanía

La nueva sensibilidad política que consiste en dejar solo el músculo de la voz del pueblo sin...

 
 
Enlaces recomendados: Premios Cine