¡Cuidado!

Juan José Millás

27.03.2013 | 07:38

El paréntesis es un signo ortográfico raro (en el caso de que haya signos ortográficos normales). Se utiliza poco, sobre todo porque las personas y las frases van a lo suyo y tiene poco tiempo para internarse por carreteras secundarias. Hacen bien, en esas carreteras, según Tráfico, es donde más muertes se producen. Quiere decirse que si has cogido una autovía del pensamiento por la que vas tan ricamente en dirección a un lugar común, y se cruza en tu camino un paréntesis, quizá sea mejor que no le hagas caso. De otro modo corres el peligro de que la autovía se convierta en la carretera secundaria y la carretera secundaria en la autovía.
Hay vidas que discurren entre paréntesis porque el usuario no ha sabido distinguir la carretera general de la comarcal. No decimos que estas vidas sean peores que las otras; de hecho, son mejores en muchos sentidos, pero provocan más sufrimiento. Las grandes obras de la humanidad son puros paréntesis. Lo fue el Quijote, por ejemplo, pero el precio que su autor pagó por escribirlo fue excesivo. Lo fueron las pirámides, donde miles de esclavos murieron por aplastamiento, hambre o desesperación. La Teoría de la Relatividad fue también el producto de un paréntesis en el pensamiento de la época. Significa que si no se hubiera inventado el paréntesis, estaríamos aún en el paleolítico, cuyas pinturas rupestres, por cierto, constituyen pausas de la mejor especie.
De modo que la gente, a media jornada, dice:
?Voy a hacer un paréntesis.
Y sale a la calle para fumar un cigarrillo o tomarse un cortado. Ese paréntesis es lo mejor del día. Estás ahí, apoyado en la esquina, dando una calada y otra a tu Marlboro (despacio, para que duré más) viendo pasar a las chicas y a los chicos, cada uno con sus afanes. De vez en cuando pasa también un paréntesis (una monja, digamos), que te hace reflexionar sobre la variedad de la existencia. Y entonces te preguntas si ese descanso al que has llamado paréntesis no debería ser el texto principal, mientras que las ocho horas de oficina deberían, por decreto, devenir en paréntesis. Pero eso es desviarse de la carretera principal, amigo, eso es meterse en un jardín, o en un paréntesis. ¡Cuidado!

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