Con otra cara

Gente nociva

Isabel Vicente

25.03.2013 | 07:57

He decidido limpiar la agenda y sacar de mi vida a todas las personas perjudiciales para mi bienestar y mi autoestima. ¿Por qué tenemos que soportar a gente que no nos aporta más que mal rollo?
Iba el otro día tan feliz por la calle cuando me encuentro a una amiga que lo primero que me suelta es: "Te sienta bien el corte de pelo, porque con el flequillo se te disimulan las arrugas de la frente. Es que siempre has sido muy dejada y no usas las cremas adecuadas". ¿Cómo te tomas eso? A cierta edad, creo que ya toca soltar lastre.
Todos estamos rodeados de conocidos envidiosos, de vecinos cotillas, de jefes déspotas, de familiares interesados, de compañeros neuróticos, de personas pesadas, injustas, abusonas, groseras, intolerantes, impertinentes, desconsideradas, tristes, autocompasivas, apáticas o egoístas que parecen haber nacido sólo para machacarte en cuanto te las cruzas.
Pues bien, se acabó. Ya está bien eso de que a la gente hay que aceptarla tal y como es. ¿Por qué? Ya sé que a mi madre la voy a querer siempre aunque siga cuestionando la mitad de lo que hago, o que jamás voy a rechazar a mis hijos aunque den más de un disgusto, pero ¿por qué hay que aceptar que venga un primo a comer y que, encima que haces la paella, te dé el domingo al acusarte de ser causante de la crisis por haber vivido por encima de tus posibilidades? ¿Por qué tienes que perdonar mil y una vez que ese supuesto amigo te ponga de vuelta y media en cuanto te das la vuelta? ¿Por qué vas a seguir intimando con esa compañera que aprovecha el momento en que el jefe anda cerca para comentar en voz alta tu último error? ¿O con esa otra tan triste que tras media hora a su lado te deja como si te hubiera atropellado un trailer? ¿O con esa novia que te humilla en las reuniones con los amigos?
Borrón a las personas dañinas. Cuando vuelva a cruzarme con la de las cremas, me la ventilo con un hola y adiós, mi primo no vuelve a pisar mi casa, no vuelvo a tomarme una cerveza con la compañera cotilla, adelgazo la lista de contactos del móvil y me centro sólo en aquellos que me quieren y que valen la pena. Vale, ya está, pero, ¿y a los que no nos podemos quitar de encima?, porque a tu jefe no lo puedes ignorar, y a tu hermano no le vas a decir que no aguantas a la déspota de su mujer.
Ahí, me temo que solo queda aguantar e intentar que nos resbalen las actitudes venenosas, pero me reconocerán que, no es lo mismo bregar con un par de impresentables, que con todo un batallón de familiares y conocidos nocivos para la salud. Y más con la cantidad de gente buena que hay por el mundo.

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