En Canal

´The secret´, Dragó y mis ondas

Antonio Rico

19.03.2013 | 09:50

El fenómeno editorial más importante de estos años ha sido The secret, libro de espiritualidad escrito por Rhonda Byrne en el que se desvela una clave oculta que han conocido los sabios de todos los tiempos y procedencias. Se trata de "la ley de la atracción", una ley natural que gobierna el universo según la cual lo similar atrae a lo similar. Esto tiene sorprendentes aplicaciones a la vida humana, ya que nuestras emociones y pensamientos emiten ondas cuya frecuencia sintoniza y atrae a sucesos reales relacionados con tales emociones y pensamientos. Así, pensar acerca de sucesos positivos aumenta la probabilidad de que ocurran. Tener emociones negativas atrae hacia nosotros sucesos que nos provocan más emociones negativas. Este increíble secreto se aplica al dinero, a las relaciones personales, a la salud. Diecinueve millones de ejemplares vendidos. Traducido a cuarenta y seis idiomas. ¿Usted no cree en "la ley de la atracción"? Yo tampoco.
Hasta este sábado. Agotado por la peor semana televisiva de los últimos años, afrontaba El gran debate al límite de mi resistencia. Cuando parecía que nada podía empeorar Jordi González anunció una entrevista con Fernando Sánchez Dragó y su hija. Saludó a los invitados. Dio paso a un vídeo de presentación. En condiciones normales yo me hubiera venido abajo, pero en mi desesperación decidí dar una oportunidad al secreto y deseé con todas mis fuerzas que la entrevista no ocurriera. A saco. Me inundé de energía positiva y lancé todas mis ondas hacia Telecinco. Al término de las imágenes, Fernando Sánchez Dragó ya no se encontraba sentado en su silla.
González no entendía nada de lo que ocurría. Al parecer, Dragó se había levantado de pronto y se había ido. Sandra Barneda medio explicaba confusa que el escritor se había sentido molesto por los extractos del libro que se destacaban en el vídeo. Una cámara recogía la figura de Fernando & daughter pirándose del plató. Los presentadores comentaban su perplejidad. Sólo yo sabía lo que había ocurrido de verdad. Yo y los sabios de todos los tiempos y procedencias

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