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El banco de la baldosa

Xavier Domènech

19.03.2013 | 09:50

En Chipre los depósitos se remuneran a tipos muy altos. Mucho del dinero depositado es de los rusos. Tienen una banca sobredimensionada porque actúan como semiparaíso fiscal. Se dan unas condiciones absolutamente excepcionales y en nada parecidas a las españolas. Además, están negociando los detalles. Vale, de acuerdo. Pero en Chipre se ha roto un tabú: el de la garantía de los depósitos. Y se ha sentado un precedente: Europa es capaz de ordenar su expolio, aunque sea parcial. Ahora, que Europa nos dé una buena razón para no ir al banco, sacar todo lo depositado -en billetes de 500, por favor-- y meterlo debajo de una baldosa. Dejando en solo lo indispensable para atender a los pagos domiciliados.

A lo largo de las últimas décadas hemos ido bancarizando la vida cotidiana. Hace 42 años cobré mi primera nómina en efectivo, en el típico sobre de color marrón, dentro del cual tintineaban algunas monedas junto a los billetes. A la puerta de casa llamaban los cobradores: el de la luz, el del gas, el del agua, el del seguro de entierro. Cada principio de mes, mi madre iba a pagar el alquiler. La mayoría de la gente no tenía cuentas corrientes, que eran cosa de las empresas, sino libretas de ahorro. Naturalmente, llegó el día en que la empresa me exigió la apertura de una cuenta para ingresar la nómina. Durante un tiempo acudía cada mes al banco para retirar casi todo lo cobrado. En otra ventanilla hacían cola los abuelos que recibían la pensión en efectivo. Luego llegaron los recibos domiciliados y las tarjetas de crédito. Y ahora ya ni sé en qué cajón duerme el último talonario que pedí.

Cuando todo pasa por los bancos, meter el dinero en ellos no es una opción sino una necesidad. Y en tal caso, a nadie se le ocurre que sea una inversión de riesgo. Además, poca inversión será cuando de ordinario se remunera a un interés que apenas compensa las comisiones, o queda limpiamente por debajo si la cuenta tiene algo de movimiento. A cambio de tantos inconvenientes, lo mínimo que podemos esperar es la plena garantía de que nuestro dinero está seguro. Pero si se abre la veda, aunque sea en Chipre, la seguridad plena desaparece. Es cuanto menos frustrante (por no decir una estafa) que sea Europa, en la que tanto confiamos para asegurar nuestro futuro, la que nos asuste de esta manera.

Y que no nos vengan con que el sistema de la baldosa hunde la economía. Si quieren inversores, que vendan inversiones, publicitando tanto la expectativa como el riesgo. Pero cuando metemos la nómina en el banco para atender recibos, letras y el gasto de las tarjetas, pagando por ello una comisión tras otra, no lo hacemos para que lo inviertan con riesgo. Ni menos aún para que le metan un bocado a cuenta de sus imprudencias.

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