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César, su mujer y su tesorero

Antonio Rico

08.03.2013 | 07:36

En la antigua Roma celebraban una fiesta en honor de la Buena Diosa en la que no podía participar ningún hombre. Cuenta Plutarco que, en el siglo I a.C., Publio Clodio Pulcro llegó a esta fiesta sin estar invitado todo muy maqueado y todo muy bien peinado de mujer ejecutante de lira. Por si no conocen las Vidas paralelas de Plutarco ni la canción de Ilegales, les diré que su intención no era ni comerse su comida, ni beberse su bebida, sino meter mano a las chicas. Pero no a las vírgenes vestales, que ya sería un sacrilegio, sino nada menos que a Pompeya, la mujer de Julio César. El caso es que se coló y en su fiesta se plantó, pero no le sirvió de nada porque fue descubierto y huyó. Pero esto es otra canción y lo de antes también, así que a lo que íbamos: Julio César sabía que su mujer era inocente, pero la reprendió públicamente porque no le gustaba que alguien pudiera tener motivos para sospechar de la infidelidad de la mujer de César. Ya saben: no basta con que la mujer de César sea honesta, también debe parecerlo.
Pues olvídenlo. Hay una nueva versión actualizada: quien exprese públicamente los motivos por los que sospecha de la mujer de César no solo debe ser honesto, también debe parecerlo. Es la adaptación que el ministro de Hacienda y Administraciones Públicas, Cristóbal Montoro, nos regaló anteayer en Los desayunos de TVE. Se refirió a los contertulios televisivos y, en general, lo que él llama "creadores de opinión" señalando que "no se puede estar sentando cátedra todo el día sobre la justicia social y luego no pagar a Hacienda". Sospecha Montoro de los que sospechan de la mujer de César igual que antes sospechó de los actores y otros colectivos para recordarles que calladitos están más guapos. De quien no sospecha Montoro ni le gusta que sospeche nadie es de César, su mujer o su tesorero. Será que tiene tan claro que César es un hombre honrado como el Marco Antonio de Shakespeare tenía claro que el asesino Bruto era un hombre honrado. En pocas palabras:
–¿Quién es ese que sospecha de César, su mujer o su tesorero?
–Un trabajador televisivo del sector 7-G, señor Montoro.
–¡Excelente!

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