Unos presupuestos europeos difíciles pero necesarios

Francisco Fonseca Morillo*

01.03.2013 | 07:41

El viernes 8 de febrero de 2013 los líderes de la Unión Europea (UE) tomaron decisiones importantes sobre el importe y la distribución del presupuesto para los próximos siete años (2014-2020). Por primera vez hay una rebaja en el presupuesto con respecto a la situación actual, con un techo máximo en créditos de compromisos de 959.988 millones de euros (1% del PIB de la UE), y de 908.400 millones en créditos de pagos (0,95% del PIB de la UE). Además, este presupuesto está concebido para una UE con 28 Estados miembros, puesto que Croacia entrará en julio de 2013. A pesar de esta decisión de aplicar recortes importantes, el acuerdo sigue poniendo el acento en financiar políticas y crear instrumentos para salir de la crisis, y fomentar el empleo y la competitividad, teniendo como eje fundamental la Estrategia Europa 2020. No es necesario recordar que desde la Comisión Europea se hubiera preferido un presupuesto más ambicioso en algunas áreas: pero el acuerdo es fruto de una negociación difícil en un contexto aún más difícil, y el resultado, aun no siendo ideal para ninguna de las partes, es el menos malo posible dadas las actuales circunstancias.

El presupuesto de la UE se agrupa en siete rúbricas, concebidas para plasmar las prioridades políticas de la Unión, y que ofrecen la flexibilidad necesaria en aras de la asignación eficiente de los recursos: 1) competitividad por el crecimiento y el empleo, que cuenta con el mecanismo "Conectar Europa"; 2) cohesión económica, social y territorial; 3) crecimiento sostenible y recursos naturales; 4) seguridad y ciudadanía; 5) una Europa global; 6) administración, que contendrá un límite máximo para el gasto administrativo; y 7) compensaciones.

Las partidas que se refuerzan para los próximos años son el empleo, competitividad e investigación. Para combatir el desempleo juvenil se crea un fondo nuevo dotado con 6.000 millones. En políticas generales de competitividad hay un aumento del 40% respecto de los niveles de 2007-2013, sobre todo potenciando el programa de infraestructuras y redes transeuropeas "Conectar Europa", y reforzando los fondos para el programa "Erasmus para todos" y el programa de investigación "Horizonte 2020". En cuanto a políticas de medio ambiente, se especifica que el 20% del presupuesto de la UE deberá orientarse y destinarse al abastecimiento energético y a construir una economía con pocas emisiones de carbono y resistente al cambio climático.

Si hablamos de política de cohesión, o política regional, pensamos que seguirá teniendo un lugar importante en el nuevo presupuesto, puesto que es un instrumento primordial para la inversión, el crecimiento y la creación de empleo en toda la Unión, además de para acometer reformas estructurales a nivel nacional. Y en cuanto a la política agrícola común (PAC), se mantiene a grandes rasgos su financiación pero con la exigencia de que se alinee plenamente con los objetivos de la Estrategia Europa 2020, en particular el de desarrollo sostenible.

Aunque aún es pronto para saber exactamente qué saldo neto recibirá cada Estado miembro, España podría seguir siendo receptor neto de ayudas hasta el año 2020, es decir, recibirá más de lo que aporta al presupuesto, un 0,2% de su PIB frente al 0,15% en el presupuesto actual. Del nuevo fondo que se crea para impulsar el empleo juvenil (6.000 millones), España podría recibir alrededor del 30%. Asimismo tendrá una asignación especial de 1.824 millones de los Fondos de Cohesión. Ceuta y Melilla obtendrán 50 millones adicionales de Fondos Estructurales, y Castilla-La Mancha, Andalucía, Murcia, Melilla y las Islas Canarias recibirán una ayuda especial de 1.100 anuales por desempleado. Y Extremadura continuará siendo región objetivo 1, es decir, con renta por debajo del 75% de la media de la UE, con lo cual seguirá recibiendo plenamente fondos regionales europeos. Respecto a la PAC, España tendrá una ayuda suplementaria de 500 millones que elevará las ayudas al desarrollo rural a 8.300 millones y las de la agricultura a 35.000 millones. Todas estas cifras deben ser tomadas con algo de cautela, ya que realmente no se puede saber exactamente qué cantidad neta percibe cada Estado miembro hasta que se desarrolla el presupuesto año a año, y puede haber importantes variaciones, debido a que una parte importante de la asignación de fondos depende de la calidad y cantidad de proyectos presentados por los distintos países.

Para resumir, se trata de un presupuesto austero pero mucho más orientado hacia el futuro: en él, todas las políticas de la UE deberán estar alineadas para fomentar la competitividad. Por ejemplo, deberá de haber mayor coordinación de las actividades financiadas a través del programa "Horizonte 2020" (investigación) con las financiadas con cargo a otros programas de la UE, como por ejemplo los fondos estructurales. El foco de la investigación tiene que estar orientado hacia la búsqueda de la excelencia, pero a su vez se sigue garantizando el acceso a los programas a las empresas de todos los países de la UE, y no sólo de unos cuantos, así como abriendo la posibilidad para que las pymes participen en los programas, cosa que no era tan frecuente en el pasado.

Por último, hay que recordar que este acuerdo alcanzado debe ser ahora aprobado por el Parlamento europeo, que desde la entrada en vigor del Tratado de Lisboa en 2009 tiene el poder de aprobar o vetar los presupuestos plurianuales. Esto significa que la negociación no está todavía cerrada, ya que el Parlamento ha señalado su insatisfacción con el resultado alcanzado. Esperemos en cualquier caso que se efectúe de manera rápida una concertación entre los tres actores institucionales -Parlamento, Consejo y Comisión- que permita un acuerdo político rápido; si no, el riesgo consistiría en una situación de "no acuerdo" que sería el resultado menos deseable. Desde Europa debemos trabajar para salir de la crisis económica entre todos: para ello nos hacen falta todos los instrumentos colectivos a nuestra disposición y, no siendo éste el resultado que la Comisión hubiera querido, el peor escenario sería que no hubiera cuadro financiero plurianual, en términos de confianza de nuestros ciudadanos y de credibilidad política cara a nuestros socios en el mundo.

*Director de la Comisión Europea en España

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