Krugman: apocalipsis o salvación

Asunción Valdés

 06:40  

Después de haber vaticinado que el euro se acababa por estas fechas, que los capitales, presos del pánico, huirían de Europa, y la economía española sufriría un corralito a la argentina, Paul Krugman, premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2004, y Nobel de Economía 2008, ha reconocido en Madrid que el reciente Consejo Europeo ha mejorado las perspectivas del rescate bancario español, aunque los problemas no han terminado.
Si hace cinco años, el epicentro de la crisis eran los Estados Unidos, con su doble déficit, el fiscal y el comercial, y sus hipotecas concedidas sin garantías, ahora, según el profesor de la Universidad de Princeton, el epicentro de la crisis es Europa, y la suerte de la moneda única está ligada a la evolución económica de España. "Pero incluso aunque no hubiera problemas en las economías nacionales, seguiríamos hablando de dificultades por los problemas derivados de la creación del euro", sostiene Krugman.
El Banco Central Europeo, preocupado por la ortodoxia de controlar la inflación, no actúa como emisor que resuelva las necesidades de tesorería de los Estados miembros de la eurozona, como ocurre con la Reserva Federal norteamericana. "Si el BCE quiere salvar el "latin block", tiene que comprar urgentemente bonos españoles e italianos y bajar los tipos de interés este jueves (como hizo). Es insoportable que España tenga que pagar más del 6% de intereses para financiarse en los mercados, porque sigue aumentando su déficit público".
Por eso, el columnista del New York Times considera que la decisión de la semana pasada en Bruselas, para que las entidades financieras españolas sean las responsables de devolver el rescate europeo y no el Estado español, a través del FROB, nos salvan de la catástrofe pero no de las dificultades estructurales del euro y los círculos viciosos de la economía.
Ante más de quinientas personas que llenaban el auditorio de la Fundación Rafael del Pino de Madrid y casi ochocientas mil que seguían su conferencia a través de las redes sociales, Krugman presentó su libro, editado por Crítica, con el sugestivo título ¡Acabad ya con esta crisis! "Porque parecería que los gobernantes de los dos lados del Atlántico iniciaron una carrera por ver quién lo hacía peor".
Krugman se lamenta de que no hayan aprendido las lecciones de la Gran Depresión de los años 30, y las teorías del economista John Maynard Keynes que propugnaba en su Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero que "las deficiencias principales de la sociedad económica en la que vivimos son su incapacidad de proporcionar pleno empleo y su arbitraria y desigual distribución de la riqueza y los ingresos".
Para Krugman el origen de la crisis no está en los desequilibrios presupuestarios y en el excesivo endeudamiento público, salvo en Grecia, con todos estos problemas y más. España, por ejemplo, tenía superávit en los años previos al inicio de la crisis, e incluso, ahora, su nivel de déficit público y de deuda es mejor que el de Gran Bretaña o Estados Unidos que, por el contrario, se financian a un interés más bajo. Igualmente, la balanza comercial de nuestro país está más equilibrada que la de otros países europeos. Sin embargo, el excesivo endeudamiento del sector privado español y el apalancamiento de los bancos provocaron la doble burbuja, inmobiliaria y financiera. "Y ahora la economía de España está constreñida entre las rigideces del euro, un bajo crecimiento, alta tasa de paro y pérdida de competitividad".
Por eso, según el manifiesto por el sentido común económico, promovido por Krugman y uno de los directores de la London School of Economics, Richard Layard "en un momento en que el sector privado está comprometido en un esfuerzo de gastar menos, las políticas públicas deberían actuar como fuerzas estabilizadoras, tratando de mantener el gasto. O al menos, no empeorar las cosas con recortes en el gasto público, o subidas de los impuestos". Lo contrario de lo que sucede en España, siguiendo la doctrina de austeridad de la canciller Angela Merkel. Por eso, Krugman, con sentido del humor, dijo "no existe versión alemana de mi libro".
El economista hizo honor a su fama de polémico y controvertido a través de un debate acalorado con el profesor Pedro Schwartz. El presidente del Consejo Económico y Social de la Comunidad de Madrid le reprochó que "con su receta homeopática" lo que iba a provocar de nuevo era una expansión de la demanda, inflación y nuevas burbujas. A lo que Krugman argumenta que "cuando el gasto público en Estados Unidos se incrementó entre 1940 y 1942, el PIB creció el 20%". Asistíamos a la discusión entre ultraliberalismo y más intervención pública para estimular la economía.
El keynesiano y euroescéptico también nos ha dado un respiro porque no utiliza el acrónimo peyorativo de los medios anglosajones PIGS (Portugal, Italia, Grecia y Spain) –cerdos, en inglés– sino GIPSI, modificando el orden de los países y añadiendo la rescatada Irlanda.
Para el recién nombrado defensor de la marca España, Carlos Espinosa de los Monteros, en primera fila del auditorio, el triunfo espectacular de La Roja y estos guiños del profesor Krugman mejoran nuestro estado de ánimo y, ya sabemos, que los "animal spirits" influyen en la economía. Como escribió Keynes en la obra citada, las emociones o los afectos influyen en el comportamiento humano y pueden reflejarse en la confianza de los consumidores.
Además, después de tanta profecía apocalíptica, paradójicamente, el euroescéptico ha llegado a la misma conclusión que los que reclaman más Europa: "No vale con una moneda única, se necesita un Gobierno común", declaró. En épocas en que los ciudadanos, a fuerza de sufrir la crisis, nos hemos familiarizado con tecnicismos económicos, resulta que la solución no sólo está en que baje la prima de riesgo y en medidas que estimulen el crecimiento, sino en más política.
"La política, estúpido", parece decir Krugman, parafraseando el slogan que llevó a Bill Clinton a la Casablanca en las elecciones de 1993, época, también de crisis: "la economía, estúpido" que es lo que interesa, de verdad, a la gente, decía en su campaña. Es decir, la economía pero con soluciones políticas pensando en el bienestar de la sociedad.

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