Discretamente y con el recato que caracteriza a este país, Galicia acaba de ingresar en el negociado de los asuntos espaciales gracias al lanzamiento del Xatcobeo: un satélite criado en las redomas de la Universidad de Vigo que desde ayer mismo orbita alrededor de la Tierra. Todavía no se ha confirmado científicamente la existencia –siempre sospechada– de emigrantes gallegos en la Luna; pero al menos ya tenemos un artilugio fisgando el espacio exterior.
El ingenio es de dimensiones lo bastante módicas como para que se le incluya dentro de la categoría de "picosatélites", pese a lo cual desarrollará complejos experimentos vinculados al software de vuelo, el despliegue de paneles solares y la medida de la radiación que desprenden los cinturones de Van Allen, allá por los lejanos territorios de la magnetosfera. Pequeño pero sagaz, el Xatcobeo contribuirá a la mejora de la investigación –tan escasa en este reino– y va a hacerlo además a un precio muy razonable en tiempos de sequía presupuestaria.
Su asequible coste contrasta, de hecho, con el del anterior proyecto aeroespacial que hace cinco años quiso poner en vuelo la Xunta. Aquel primer Sputnik autóctono contaba con los fondos más que holgados de la Fundación para la Sociedad del Conocimiento, a la que el entonces presidente Emilio Pérez Touriño pretendió dotar con un presupuesto de cien millones de euros de vellón. Infelizmente, el cálculo de costes y beneficios no permitió cuadrar las cuentas, de manera que el propio Gobierno autónomo impulsor de la idea tardó apenas unos meses en renunciar al lanzamiento del satélite que iba a poner en órbita a la vieja tribu de Breogán. La carrera espacial galaica se truncó incluso antes de que despegase el primer cohete.
Tras ese fallido ingreso en el club de las galaxias, a los gallegos no parecía quedarles otro consuelo que el de los fuegos del Apóstol; pero siquiera sea por una vez, las circunstancias han conspirado a su favor. Con más modestia y adecuación presupuestaria, el plan galáctico fue retomado un par de años después mediante un proyecto que ahora desemboca en la salida al espacio del Xatcobeo desde una base de la Guayana francesa.
El nombre le encaja que ni de molde al satélite con el que Galicia ha hecho su primera incursión en el espacio. Sabido es que el sistema solar pertenece a la galaxia espiral de la Vía Láctea, o lo que es lo mismo: el camino de las estrellas que desde hace siglos conduce a los peregrinos a la capital de este Reino por la Ruta Jacobea.
A esa feliz conjunción entre religiosa y astral que tan bien fundamenta el bautizo del Xatcobeo hay que agregar todavía otros detalles igualmente reveladores, pese a su carácter aparentemente anecdótico. Los más memoriosos recordarán tal vez que el sol, centro de nuestro sistema planetario, fue registrado a su nombre mediante la oportuna fe notarial por una vecina de Vigo. Esa titularidad se la disputa, como parece lógico, otro gallego de la localidad coruñesa de Oleiros que alega ser el propietario de todo el Universo, según la denuncia que en su día presentó ante la Guardia Civil. El asunto acabó en los tribunales y por ahí debe de andar aún; pero cualquiera que sea la decisión de los jueces, lo seguro es que el copyright del sistema solar pertenecerá a un vecino –o vecina– de este reino.
Pocos lugares pueden exhibir, por tanto, más títulos que Galicia para adentrarse en el espacio exterior impropiamente colonizado por americanos y rusos. Con toda o parte de la galaxia escriturada a nombre de un gallego y la histórica identificación de la Vía Láctea con el Camino de Santiago, resultaba lógico y hasta obligado que este Reino se incorporase a la carrera espacial. El paso que faltaba acaban de darlo los investigadores autóctonos que con su talento y la modesta propia del país han puesto al Xacotbeo a rondar las estrellas.
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