En Casa Paulina, de troula
Conté ayer que hicimos una escapada a Moaña pero no que antes quedamos, como punto de encuentro, en Casa Paulina. Sí, ese restaurante popular sito en Travesía de Vigo, 274, pasado el cruce con Buenos Aires en dirección a Pontevedra. Era jueves, 13.30 horas, y el bar era un hervidero de gente que tomaba el tinto ribeiro o el blanco de Arbo que allí son más comunes mientras de la cocina salían las tapas más diversas. Yo creo que allí llegaba ya, como onda expansiva, el ambiente festivo de la romería de As Candelas, en Castrelos, o la de San Blas en Bembrive. Seguro, porque allí saludé a Carlos Araújo, que estaba con peñistas de Os da Fame, devotos incondicionales de San Blas, e incluso había un grupo de tinerfeños liados por un vigués de Lavadores que vive en la isla y venidos expresamente para esta fiesta con sus guitarras. ¡Qué comunión la de la música, gallegos y tinerfeños con guitarras y gaitas! Casa Paulina es de toda la vida pero solo hace dos años que lo cogió Julio Novoa, un limiano que se vino para Vigo de joven y tuvo carnicería y luego café bar en el Centro Comercial Traviesas. Ahora llegó al Paulina con su mujer, Julia Rodríguez, y sus hijos, Javier y Samuel, y se nota que da vida y calor al local, se ve que es de esos tipos que ponen empeño e ilusión donde trabajan y, si los miércoles pone zapata, los jueves cocido y los sábados callos. ¿Qué más quieres para ser feliz?
De adictos a Deep Purple
Pero esta ciudad de Vigo tanto es sede de tabernas o bodegones de tentempié como del Club de Adictos a Deep Purple, del club oficial de la saga Purple en el estado español, devotos de ese legendario grupo de rock nacido en 1968. Tengo en las manos el último número de su revista, Hush, que se hace en Vigo, dirige el bancario Carlos Fernández, tiene suscriptores en Inglaterra, Francia, Italia, Polonia, Irlanda, USA, Cuba, Arxentina, Japón... y la última alta es una finlandesa. No solo somos sede de Galaxia o Xerais, también de Hush y los Purple.
Y adictos a romper dietas
Imposible mantener una dieta en esta barrio viejo que habito, si tienes buen rollito con los cocineros de sus bares. Paso por El Capitán y a Jaime López lo encuentro de dieta, con agua y hierbas varias, es cierto, y ahí no pequé. Salgo, voy hasta Lamari y veo a Ana haciendo un arroz de marisco que por poco me pierde, aunque no caí; me acerco a A Pita Tola, pido un agua y Loló Domínguez me dice "¿agua? ¿estás bebido? Tengo aquí una fabadita"... me niego y Adriana insiste tras la barra: "Un poquito de ná". Y cedí; adiós régimen otra vez.
Pintura: realismo Xai
Estoy contemplando complacido un cuadro de Xai Oscar que es la ciudad de Vigo vista desde A Madroa, un prodigio de minuciosidad. A mí, aunque soy en pintura un ignorante, me gusta la obra de este Xai que me dicen que es un trotamundos, no sé si realista o ultrarealista, que tuvo muchos oficios pero nunca abdicó de su vocación pictórica. Hermoso su rompeolas, tanto como su paisaje de Ladeira o aldeanos, sus cerezas, su mismo autoretrato... Estos días tenéis su obra en la sala 1 de Novacaixa, en Policarpo Sanz, 24.