Así que, conocidos ya los primeros recortes que el nuevo Gobierno aplicará a las cuentas públicas, y a la espera de que se concreten otros en la Ley de Presupuestos para 2012, han de recibirse con agrado las palabras de firmeza que el señor presidente de la Xunta reiteró al respecto de la deuda con Galicia. Que se puede concretar en números y en determinar en plazos y sobre la que habían surgido algunas dudas.
Conste que el origen de esas dudas fue precisamente don Alberto Núñez. Sobre todo por su tibieza con el retraso del AVE a la meseta confirmado por el señor Rajoy, los silencios sobre el del Eje Atlántico y la incógnita inicial acerca de la continuidad de los pleitos con el Gobierno anterior por cuestiones que el actual aún no resolvió. Ahora, con el anuncio de firmeza en un marco general lógico de amistad, la Xunta pone las cosas en su sitio.
En este punto, y para evitar los malos entendidos, quizá convenga alguna matización. La primera para repetir que nadie en su juicio puede pretender que la Xunta se convierta en instrumento de oposición al gobierno del señor Rajoy. Bien entendido que eso será por coherencia pero también porque nadie espera su hostilidad para con Galicia ni tampoco que a la hora de los rebajas el Noroeste salga perjudicado con respecto y en proporción al Noreste, por ejemplo: aunque todas las comparaciones sean odiosas, hay algunas que conviene hacer de forma preventiva. Porque más vale un por si acaso que un quién lo pensara.
Dicho eso procede una segunda reflexión: hay proyectos que, aún en su fase inicial, no debieran considerarse por ello como prioritarios a la hora de revisarlos o aplazarlos. Especialmente aquellos que, a pesar de su carácter e interés estratégico, han sufrido ya esas circunstancias varias veces y por tanto acumulan un retraso que aleja a Galicia de la convergencia no ya con Europa sino con el resto de España. Y en ese sentido la firmeza de don Alberto Núñez puede ejercer de vacuna contra la tentación de determinados revisionismos.
Por eso conviene valorar en su justa medida la actitud de la Xunta, que no tendrá fácil mantener la exigencia de lo que necesita ante unos amigos que van a decir cosas muy parecidas a las que decían quienes no lo eran. Puede que se modifique el tono y la forma, pero los argumentos de fondo variarán poco: y eso. si es así, privará al gobierno gallego de la baza que más utilizó hasta ahora para justificarse: echarle la culpa de sus males a los demás. ¿Eh...?