El Área Metropolitana de Vigo (AMV), como otras similares, es un fenómeno económico, social y político resultado de la acción colectiva de grupos y clases sociales, intereses e instituciones. Es, sin duda, el resultado de un proceso histórico de luchas e interacciones (de conflicto y consenso) entre actores diversos que generan un territorio (metropolitano) que supera los lindes de cada municipio.
De hecho, el ámbito metropolitano permite asegurar el éxito, por economías de escala y sinergias entre actividades, de las iniciativas locales, que debidamente organizadas en sistemas de gobierno y gobernanza permitirían superar las actuales fragmentaciones territoriales, institucionales y políticas.
La superación de tales fragmentaciones requiere la creación de nuevas formas de hacer ciudad que apuntan a formas de "federalismo desde abajo" basadas en una fuerte colaboración interinstitucional para lograr no solo mayores niveles de eficiencia territorial y optimizar la prestación de los servicios públicos y privados, sino también para promover el desarrollo económico, la apropiación del espacio público por parte de los ciudadanos y el bienestar social y ambiental.
Pero, ¿cuáles son los requisitos para lograr tales objetivos? La respuesta es compleja. Cabe, en todo caso, argumentar en tres sentidos. El primero es que difícilmente puede hacerse un área metropolitana sin legitimidad (según Lefèvre), pues sencillamente sería ingobernable. Legitimidad política con la creación de un ente metropolitano. Legitimidad funcional promoviendo políticas asociadas a los servicios prestados. Legitimidad social haciendo que los ciudadanos tengan un sentido de pertenencia al área.
Asimismo, la legitimidad está fuertemente vinculada al liderazgo, que es el problema que acaba de plantearse en el AMV con la elección del presidente. ¿Cómo puede resolverse? ¿Por votos en un supuesto consejo de representantes municipales? ¿Por modificaciones de la norma? Me temo que la cuestión de fondo va por otro lado.
El líder es la persona capaz de tomar decisiones por consenso en situaciones conflictivas, precisamente por su legitimidad. El líder es capaz de formular políticas y estrategias, negociar en contextos de intereses plurales y atomizados, creando proyectos aceptables para la mayoría o la totalidad de los municipios. El liderazgo descansará, pues, en un pacto metropolitano en torno a los proyectos y estrategias del AMV.
Comoquiera que, entre la ciudad central (Vigo) y el resto de los municipios, hay una diferencia notable de tamaño y de poder, deberá tratarse de que el liderazgo de la primera sea compartido con los segundos; esto es, un liderazgo basado en la búsqueda de acuerdos en torno a proyectos de futuro para el conjunto del AMV.
Que se logre o no lo que estoy diciendo, depende no tanto de la norma como de la iniciativa institucional y del talento político del alcalde de la ciudad central. Por supuesto, me estoy refiriendo a alcaldes y no a otros miembros concejales de las corporaciones, cuya representación es muy honrosa pero nunca alternativa a la responsabilidad del principal munícipe de la ciudad.
En este sentido, deberá tenerse en cuenta que el liderazgo implica un papel de vanguardia; esto es, plantear propuestas que anticipen el futuro, mediante estrategias y proyectos de acción, que incentiven la cooperación intermunicipal.
No me cansaré de insistir que en la cooperación entre municipios –incluso, si cabe, en mayor medida que la cooperación supramunicipal e interinstitucional– es fundamental para avanzar en la construcción del AMV. No se olvide que un reto no menor es, mediante la acción y puesta en práctica sin dilación de los servicios metropolitanos previstos, crear una cultura de la cooperación.
Termino. El Área Metropolitana no nace, se hace.