Todos los años contemplamos asombrados cómo se repite periódicamente el partido del siglo. Otro fruto quizás de esta extraña pasión por la cronología es la idea de que la ciencia gallega ha vivido una Edad de Oro, en la cual el conocimiento creado ha generado inmensos frutos para la sociedad gallega.
Suele repetirse hasta la saciedad que la economía actual se basa en el conocimiento, y no en el trabajo y el capital, apelando a unas ecuaciones de la teoría económica que, como todas, solo son verdaderas cuando no se refieren a la realidad. En honor a la verdad y como historiador creo que deberían salir a la luz algunos datos que desmienten la existencia de la ciencia triunfante.
En los últimos quince años la inversión en proyectos de investigación, personal e instalaciones creció exponencialmente, al ritmo de una economía que desembocó en una estrepitosa crisis financiera, en cuyo desarrollo no tuvo nada que ver la ciencia y a la que la ciencia no pudo frenar. Y no la pudo frenar en España porque el impacto de la investigación en la economía real, basada en la construcción, el turismo y la especulacion financiera, es mínimo. El I+D mundial se basa en el capital privado y se desarrolla en la empresa en más del 80% en EE UU, Alemania o Japón. Afimar que como las empresas punteras generan investigación, consecuentemente la investigación genera empresas es una falacia basada en la confusión entre causa y consecuencia.
La inversión estatal en investigación no solo casi no ha creado empresas, sino que además tampoco es capaz de crear empleo estable que viva al margen de la eterna subvención. En España y en Galicia se pretende formar investigadores que el mercado no puede absorber para estabilizarlos como profesores sin docencia en áreas de conocimiento saturadas, contribuyendo así a aumentar la desproporción profesor/alumno entre España –que es el país que tiene el mayor número de profesores– y Europa.
La inversión en investigación ha llevado a las universidades a endeudarse hasta el límite. En nuestra Edad de Oro, en concreto la USC ha duplicado su deuda, y algo similar ocurre en el resto del país. La inversión en proyectos e infraestructuras, que se ha multiplicado por tres en los último cinco años en la USC (que es la que facilita sus datos), no ha conseguido incrementar el número de publicaciones en libros y revistas de prestigio, que se mantiene casi constante, según datos oficiales. Y es que además el dinero invertido se concentra cada vez más en los mismos grupos, según datos del Tribunal de Cuentas de España y el Consello de Contas de Galicia. Se da una notoria sobrefinanciación de algunos proyectos y los gastos a veces se hacen de modo poco responsable en viajes, celebración de reuniones y en gastos de representación, que en los últimos años sobrepasaron en la USC los 2 millones de euros a cargo de determinados proyectos.
La Edad de Oro de la ciencia gallega ha creado sus muertos en los jóvenes formados para la investigación a los que nadie podrá garantizar un futuro digno, ha generado una situación financiera insostenible y ha incrementado las desigualdades entre campos de conocimiento, investigadores y profesores, de un modo tal que a veces da la impresión de que en la ciencia gallega se ha llegado a confundir el tener conocimientos con el tener conocidos.
* Catedrático de Historia Antigua en la Universidad de Santiago