Se cumplen 50 años de la independencia de la República Democrática de Congo y los reyes de Bélgica, Alberto y Paola, aquella pareja que ocupó tantas portadas de las revistas del corazón, han viajado a la antigua colonia para conmemorar el aniversario. El viaje fue precedido de polémica porque desde la anterior visita de su hermano Balduino, hace ya 25 años, ningún monarca belga había puesto el pie en los dominios de su antecesor el rey Leopoldo II, pese a los evidentes intereses comerciales que el país europeo todavía mantiene en ese riquísimo territorio. La principal causa del desencuentro fueron las críticas de los gobernantes de Bruselas a la corrupción de la élite congoleña que detenta el poder, y a su absoluta falta de respeto a los derechos humanos de una población que en su mayoría vive en la pobreza. A los dirigentes aludidos, las críticas de sus antiguos amos les parecen de un oportunismo hipócrita porque el pasado de la dominación colonial es uno de los casos más claros de genocidio que conoce la Historia. Y todavía quedan episodios no bien aclarados como el asesinato de Patrice Lumumba, primer presidente elegido democráticamente tras la proclamación de la independencia en el año 1961. Lumumba, un político de izquierdas, fue secuestrado, torturado y posteriormente asesinado. Luego, su cuerpo fue disuelto en ácido para que no quedara evidencia del crimen. La autoría del magnicidio se atribuye al coronel Mobutu, un agente del imperialismo norteamericano que habría contado con la complicidad de los belgas. A partir de ese momento, Mobutu se convirtió en el hombre fuerte del Congo y su dictadura duró hasta 1997, año en el que marcha a su dorado exilio francés con una inmensa fortuna. La trágica historia de este país africano comienza con su apropiación por el rey Leopoldo II de Bélgica, quien crea el Estado Libre de el Congo contando con la ayuda del famoso viajero y explorador Morton Stanley. Aparentemente, se trataba de una iniciativa filantrópica encaminada a mejorar el nivel de educación y salud de los aborígenes, pero en la práctica se convirtió en uno de los mayores crímenes contra la humanidad que se haya conocido. Centenares de miles de personas fueron asesinadas, esclavizadas o torturadas brutalmente para robarles sus riquezas. La editorial coruñesa Ediciones del Viento ha tenido la oportuna iniciativa de recoger en un solo tomo, titulado "La tragedia del Congo", los testimonios de G.W Williams, Roger Cassement, Arthur Conan Doyle y Mark Twain sobre este triste episodio. En el prefacio de su relato, el creador del famoso detective Sherlock Holmes escribe lo siguiente: " En Inglaterra somos muchos los que consideramos el crimen cometido por el rey Leopoldo de Bélgica y sus partidarios en las tierras del Congo como el más grande conocido en los anales de la humanidad. Nunca antes ha habido semejante mezcla de expropiación y masacre absolutas realizadas con el odioso disfraz de la filantropía y teniendo el motivo más vil de los intereses comerciales. Es este sórdido motivo y esa afectada hipocresía lo que hace que este crimen sea único en su horror". Desgraciadamente, la tragedia del Congo no ha tocado a su fin. La enorme riqueza que atesora el territorio ha desatado la codicia de las empresas multinacionales que, en complicidad con la elite dirigente, han procedido a su explotación. Uno de los últimos episodios –silenciado por los medios occidentales– ha sido la llamada "guerra del coltan", un mineral estratégico imprescindible en la fabricación de misiles y de teléfonos móviles.