Es la pregunta que se plantean desde hace al menos tres años los empresarios cuyas sedes o naves han sido atacadas con artefactos. Al igual que los sindicalistas o las entidades bancarias que también han sido objetivo en este tiempo. Dieciséis actos de este tipo son muchos en este periodo de tiempo, sobre todo si se tiene en cuenta que la infraestructura que manejarían los autores no es muy amplia.
Pero lo más grave es que, en todo este tiempo, no se ha esclarecido ninguno de esos ataques. El subdelegado del Gobierno en la provincia no ha podido salir ante los micrófonos, que tanto le gustan, a explicar a las víctimas y a todos los ciudadanos que han sido detenidos los autores. Ni uno solo de ellos ha podido, por tanto, pasar a disposición judicial.
El subdelegado no puede presentar un balance positivo al respecto en los años, ya van casi seis, que lleva en el puesto. Pero aún pero es que no tiene balance que presentar.
Es fácil acompañar a un ministro o a un secretario de Estado cuando visita la provincia. Lo mismo que es fácil comparecer para hablar de bajadas en las estadísticas de delincuencia. Pero a Delfín Fernández se le debe exigir más. Mucho más. Su puesto, en teoría, es de máxima confianza del Ministerio del Interior. Parece que esos tentáculos no llegan hasta aquí. Aunque lo deseable es que no vuelva a ocurrir de nuevo lo del martes, ¿qué dirá la próxima vez?