El sábado pasado se publicó lo que para mí es la síntesis más lúcida dentro del debate acerca de la sentencia del Constitucional sobre el estatuto de autonomía de Cataluña. Un debate tirando a esquizofrénico o, si se prefiere –para no vejar a quienes padecen esa enfermedad– alocado. El autor de la síntesis es un dibujante, El Roto, de cuyo talento dan fe los chistes entre surrealistas, malévolos y certeros que sacaba en la época del franquismo en Triunfo y Hermano Lobo bajo el nombre de Ops.
El chiste de El Roto del sábado último apareció en el diario El País. En la imagen aparecía una caverna vacía con la entrada entrevista al contraluz y desierta. En el aire, una frase: "Vuestra patria común es la cueva". Eso es todo.
El Roto/Ops tiene razón, como siempre, pero en este caso añade el componente valiosísimo del dedo puesto en la llaga más dolorosa. El mensaje podría entenderse en términos metafóricos porque, al fin y al cabo, al patriotismo exacerbado se le ha tenido por cavernario casi desde que apareció. No creo, sin embargo, que vayan por ahí los tiros. Si hubiese querido descalificar –o insultar, sin más– a los nacionalistas de cualquier pelaje, El Roto podría haber puesto "vuestra patria común es la caverna". No lo ha hecho. Recurriendo a la cueva da un paso más allá hacia lo que es el significado profundo del origen de los humanos. Nuestros antepasados salieron de África y, con toda probabilidad, al llegar a Europa se guarecieron en cuevas, igual que habían hecho antes nuestros primos los neandertales. La cueva fue la patria común.
¿Y después? Bueno; luego vinieron las divisiones que llevaron a donde nos encontramos ahora: divisiones étnicas, divisiones lingüísticas y divisiones ideológicas. Las dos primeras y su evolución conjunta han sido materia de estudio antropológico, con trabajos espléndidos como los del profesor Cavalli-Sforza. Pero la que hoy cobra naturaleza de actualidad tiene que ver con la última de las divisiones: la que sirve de coartada ideológico-política para sustentar el asalto al poder.
Porque de eso se trata, del poder y de su asalto. Lo que ha determinado el Tribunal Constitucional es sólo la materia prima o, si se prefiere, la matriz de piedra que, tallada en la cueva –en las distintas cuevas– dará lugar a una manera particular, interesada y, sobre todo, rentable de hacerse con el poder. La forma precisa en que va a transcurrir ese tránsito se verá con la ley de los presupuestos generales del Estado primero y los resultados electorales más tarde. De los trances parlamentarios saldrá un punto de vista antiguo o uno nuevo, pero yo apostaría por que será un cauce en el que se habrá corrido ya antes mucho camino. Nada nuevo bajo el sol, por decirlo de otra forma. Nada nuevo desde que salimos de la cueva, miramos con codicia lo que había en los alrededores y nos pusimos a pensar la manera mejor que puede haber para evitar que se aprovechen otros de mis tesoros.