Pues la verdad es que, expuesto sin intención de aumentar la inquietud –ya notable– que padece el sector turístico gallego, quizá alguien debiera reflexionar sobre algunos de sus datos. Y no tanto para rasgarse las vestiduras –que, por más que justificado, resultaría inútil–, sino para exigir de nuevo que por quien corresponda se actúe con seriedad y no sólo a través de la propaganda.
Naturalmente, ese "quien corresponda" no puede ser otro que el gobierno, que para eso está tras obtener la mayoría parlamentaria en las elecciones. Y que, hasta ahora, no ha hecho mucho más que algo parecido a lo que le sirvió a la célebre Antoñita "la fantástica" para ganarse el apodo: planes y más planes muy alejados de la realidad, y a veces hasta confiados para su ejecución a instancias supraterrenales.
El turismo es, en ese sentido, un referente claro. Con la Xunta entregada al Xacobeo como elemento dinamizador para salir de la crisis, el verano llegó con estadísticas poco alentadoras. Tan feas que el sector tuvo que anunciar rebajas considerables para atraer a las gentes que, según los cálculos presupuestarios de Facenda, iban a protagonizar el milagro económico gallego. Cáspita.
Es cierto, por supuesto, que esa rebaja no resulta exclusiva de este lado del Padornelo, y que las estrategias para captar clientes tocando los precios se han generalizado en el mundo turístico. Pero aquí, y desde quien debería haber planificado con seriedad, se prefirió la fantasía –quizá por incapacidad para el realismo– y hay síntomas de que la factura será, también en esto, difícil de abonar.
Algunos observadores de los que conservan su capacidad crítica dicen que no queda mucho tiempo para corregir los defectos. Y añaden que –a la espera de comprobar si la visita del Papa en noviembre maquilla el balance– es llegada la hora de tomar decisiones. Entre ellas, reforzar los criterios de eficiencia en quienes han de resolver los problemas
A la vista de los precedentes, es poco probable que eso se haga y desde luego no hay pistas que permitan sostener lo contrario en las proclamas del ejecutivo. Pero eso tan sólo demuestra, otra vez, que el problema es más hondo y no se limita a una parte del equipo superada por la crisis o su circunstancia. Se han cometido errores de estrategia y cuanto antes se corrijan, mejor.
En la Xunta lo niegan, claro, y se parapetan en los índices de ocupación hotelera de Santiago en estos días. Pero eso no es ser miope: es casi ceguera. ¿Eh?