A estas alturas lo que era ya un secreto a voces se ha convertido en un dato casi oficial: la política de austeridad se intensificará en la Compañía de RTVG y hay ya una hoja de ruta trazada por el directo general, Alfonso Sánchez Izquierdo y su equipo, que cuenta con el plácet del presidente de la Xunta Alberto Núñez Feijóo.
El horizonte es complicado, y hace imprescindible el respaldo político, sobre todo si se tiene en cuenta que algunas resistencias a los planes se van a encontrar en sectores internos de la CRTVG con apoyos en una parte del PPdeG. Son conocidas las críticas de consejeros como Arturo Maneiro.
Desde la cúpula directiva del Ente se valora de forma positiva el resultado del ejercicio económico, en la medida en que han absorbido con agilidad los recortes, notables, de partidas del Presupuesto de Fernández Currás. Y el bajón general de publicidad ha provocado daños considerables, pero algo menores de los que se temían.
El modelo
Lo que ha caído de forma muy notable es la audiencia, aunque desde el equipo de Sánchez Izquierdo se recuerda que otras televisiones públicas han sufrido más, e incluso las privadas están en cifras bastante peores.
En informativos, las acusaciones de gubernamentalización, que no son nuevas –el PP las formuló contra el Bipartito de Pérez Touriño– se replican recordando el “poco margen de maniobra que el actual modelo de televisión pública permite”.
Para los expertos, lo que está en crisis es precisamente el modelo, y eso plantea la necesidad de acelerar la búsqueda de soluciones parlamentarias y sobre todo la elaboración de un nuevo estatuto de CRTVG, ahora en fase de ponencia. Núñez Feijóo prometió darle prioridad, pero hasta el momento no se prevé que exista.
Fin de fiesta
Lo que está claro para casi todos es que no será posible mantener las cosas como hasta ahora ni afrontar la crisis y la política de austeridad sin llevar a cabo recortes muy notables, económicos y de personal, “en las próximas semanas y meses”, aunque la fecha está sin concretar todavía.
En ese sentido, uno de los responsables de área en la televisión pública gallega definía, con ironía, el tiempo que viene diciendo que “se acaba la gaita y empieza la zambomba”, subrayando su convicción de que el adelgazamiento que predica Rodríguez Zapatero para la Administración será traumático en la CRTVG.
La incógnita, ahora, es saber si la reestructuración, que supondrá un coste económico notable –que Feijóo estaría dispuesto a asumir– en prejubilaciones e indemnizaciones, se intentará a través de un pacto político o sin él. Los sindicatos, y, como se dijo, incluso parte del PP, han advertido ya sobre “consecuencias indeseadas”.
La tensión
La tensión es creciente, especialmente si se tiene en cuenta que coincide con la reforma laboral y previsiblemente con el intento, antes del verano, de cambios en el sistema de pensiones, sobre los que avisaron los sindicalistas Cándido Méndez y Fernández Toxo.
En Galicia, sectores de Comisiones y UGT, como ya informó FARO, manifestaron de forma interna discrepancia con la convocatoria de huelga general, y más aún en septiembre, por entender que “el ambiente social no es favorable a este tipo de acciones”.
La cita de septiembre ha empeorado, en todo caso, aún más las relaciones con la CIG, cuyo secretario general, Xesús Seixo, es partidario de otra estrategia. Seixo defiende la necesidad de ir a la huelga general desde hace semanas.