De modo que, concluída la Conferencia política del PSdeG, y digeridas unas cuantas de sus referencias, quizá no estuvieren de más algunas reflexiones. La primera para señalar que la cita sirvió más para dar moral a la tropa propia –que buena falta le hace– que ánimo el resto del país. La segunda, que eso se debe sobre todo a los oradores principales, porque el resto eran teloneros.
(Por cierto que, visto desde fuera, la sorpresa, aún relativa, la dieron los señores Caamaño y Blanco. Y no tanto por lo que dijeron, que estuvo en línea con la superchería que parece haberse apoderado del mensaje del PSOE en estas semanas, cuanto por el ninguneo al que sometieron al secretario xeral del PSdeG y el cinismo con que se comportaron con su predecesor, víctima de las urnas y, sobre todo, de sus colegas en la dirección socialista).
Naturalmente, los exégetas del Gobiermo central –y el propio don Manuel Vázquez, que hace lo que le conviene– negarán la mayor e insistirán en leer la conferencia como un éxito. Pero a falta de datos sobre la opinión pública, que ya llegarán, la publicada coincide en que los mensajes fueron pobres, apenas para consumo interno y en apariencia tan sólo destinados a compensar el enorme castigo recibido.
Y es que presentar como "ricos" a quienes reciben altos salarios por su trabajo es una idiotez propia de quienes, como los santones a los que se les acaba la fe, tienen que echar mano de las reliquias para sustentarla. Y en el PSOE abundan –los santones y las reliquias– y se sacan ahora en procesión para tapar una realidad: que cumplen las órdenes de la Europa de los mercaderes y la meca del capitalismo que es Washington. Oh tempora!
El relicario no se agota ahí: la situación parece tan delicada, y la tropa tan maltrecha, que rascaron el fondo del santoral y extrajeron bobadas más antiguas. Por ejemplo, la de cuando algunos socialistas, junto con el BNG, llamaban "navallada" a la autopista del Atlántico. Lo malo es que alguien que podría ser candidato a la Xunta, el señor ministro Caamaño, parece contagiado: habló de "cicatrices en el país" para referirse a los nuevos ejes terrestres y ferroviarios. Váiche boa con el prócer.
Claro que, como dijo Murphy, lo susceptible de empeorar, empeora. Quizá por eso el señor Vázquez –que no es precisamente Bakunin– solicitó "una política de izquierdas para salir de la crisis".Lo que no se sabe es a quién la pidió, si a Madrid, a Bruselas o a Washington, que hacen la que hay.
¿Eh?