Así pues, quizá por aquello de que no hay mal que por bien no venga, es posible que la reducción presupuestaria a que la política de la señora vicepresidenta Salgado ha obligado a la Xunta acabe, a medio plazo, produciendo beneficios para Galicia. Por lo menos el de tapar varios de los agujeros por los que, desde hace años, se van unos recursos necesarios en otras facetas; resumiendo mucho, a parte de esas grietas se les llama Administración paralela. Que, por cierto, ha crecido casi tanto como la otra.
En este punto conviene recordar que algunos observadores bautizaron parte de esos agujeros con el apodo de "chiringuitos", en parte quizá para subrayar su provisionalidad y, sobre todo, su poco peso. Y ahora que la Xunta decide liquidar casi la mitad se comprueba que efectivamente aquella denominación era más categoría que anécdota: el ahorro que supone liquidarlos apenas significa diez millones al año. Una cantidad apreciable pero que, en términos de Presupuesto, no es tanto mella como rozadura.
A partir de ahí hay algo que queda aún más claro: que si la Xunta quiere cuadrar sus cuentas habrá de hacer algo más que tapar esos agujeros. Tendrá que replantearse toda la Administración paralela e incluir entes y organismos que, sin serlo exactamente, se han integrado de algún modo en ella durante estos años. Y se hizo así por una razón: la reducción de la profesionalidad y su sustitución por criterios, a la hora de dotarla de personal, tan discutibles como la "confianza" política, la "lealtad" a los cargos electos o, muchas veces, las necesidades del -o los- partidos que gobiernan.
El chiringuiteo y la partidización de las Administraciones no sólo ha deteriorado la función pública, sino el propio concepto de la limpieza democrática y están -aunque no es el único factor, y hay quien cree que tampoco el principal- en el origen de la corrupción que existe en este país. De ahí que su reducción constituya un beneficio general y que se diga, con respecto al adelgazamiento que concretó ayer el señor Núñez Feijóo, lo de que no hay mal que por bien no venga.
Dicho todo lo anterior, conviene añadir algo: las propias cifras que manejó don Alberto demuestran que la dieta tendrá que ser mucho más severa y frontal. Y de poco servirá la buena voluntad del señor presidente si no afronta los agujeros grandes, ésos por los que se le van los caudales. ¿Ejemplos? Uno, pero no el único posible: el ente CRTVG, cuya reconversión es inevitable y que cuanto más tarde más cara saldrá.
¿O no....?