Qué les voy a contar de la nube de ceniza, ahora que el glaciar Eyjafjallajokull es casi como de la familia. Cuando escribo estas líneas acaba de cerrarse el aeropuerto de Son Sant Joan; cuando ustedes las lean, ignoro cómo andarán las cosas. De todas formas, en este minuto del partido ya pueden sacarse algunas consecuencias del fenómeno; acaso la más importante sea la cura de humildad que estamos recibiendo como especie. De nuevo la maestra es la propia Naturaleza: una docente tradicional que no entiende de reformas escolares o pedagogías políticamente correctas, y que nos pone en nuestro sitio a base de zurriagazos. Y lo cierto es que debemos de necesitar muchos correctivos, porque en los últimos tiempos nos trae a mal traer entre tsunamis, inundaciones, terremotos, erupciones volcánicas y demás lindezas.
El desbarajuste mundial que ha provocado el parón en el transporte aéreo tendría que hacernos recordar algo muy simple: no somos los reyes del mambo. En nuestra parte del mundo el progreso tecnológico ha borrado de la memoria colectiva esta verdad, y la ha sustituido por la creencia en la omnipotencia del ser humano. Los desastres "normales" van asociados a accidentes o, como mucho, al terrorismo (el descarrilamiento de un tren o un brutal atentado), y los excesos de la Naturaleza son cosa de telediario; curiosidades que se dan en la otra punta del mundo y que se digieren entre dos anuncios de coches o de detergente. Hace tiempo que hemos olvidado la relación que une a todo el planeta..., o creemos que se refiere sólo a Internet y a la globalización. Pues bien: ahora están leyéndonos la cartilla. Están explicándonos una estupenda unidad didáctica sobre el efecto mariposa. No hay forma de esconder la cabeza bajo el ala: gracias a nuestros magníficos avances técnicos, disponemos hasta del último detalle, en imagen y sonido y en tiempo real. Las causas naturales tienen un tremendo efecto en la sociedad del hombre..., y viceversa
Aunque, a juzgar por el reciente ejemplo de la crisis financiera global, mucho me temo que la lección no resulte suficiente. Quienes creíamos que el batacazo bancario tal vez diese ocasión de establecer un enfoque más justo en el campo de la economía, nos equivocábamos. Claro que ahora nos jugamos mucho más que el lucro indecente de unos cuantos y la pobreza de la mayoría: nos jugamos la supervivencia del mismísimo chiringuito planetario. Lo malo es que el ser humano no escarmienta en cabeza ajena..., ni propia. Por eso, me temo que este nuevo recordatorio de la fragilidad de nuestro montaje tampoco servirá de nada. El comercio y el transporte de viajeros de medio mundo, paralizados por la nube de cenizas de un volcán... ¿Qué nuevas lecciones guardará en su maleta esa profesora que parece dispuesta a que aprendamos por las buenas o por las malas?