Así que, reabierto el uso de la corrupción como instrumento político -y a unos niveles como no se recordaban aquí desde mediados de los 90-, da la impresión de que el PSdeG ha decidido utilizarla como ariete, caiga quien caiga. O, para ser más exactos, intentando que al menos se tambalee su adversario principal que es el señor presidente de la Xunta, de quien dice el dirigente socialista que puede haber tenido trato con quién no se sabe muy bien ni en qué condición.
A partir del respeto al derecho que tiene el secretario xeral del PSdeG a enfocar su tarea de oposición como le venga en gana, y tras recordar que en todo caso doctores tiene su santa madre iglesia que le sabrán aconsejar, quizá acepte su señoría un par de reflexiones. O al menos una: a estas alturas, insinuar que don Alberto Núñez tiene que ver con la trama "Gürtel" no se lo cree nadie. E insinuarlo, no ya sin pruebas sino siquiera sin indicios, resulta como mínimo ruin.
Algunos observadores, sobre todo los ubicados en la orilla izquierda, creen que en términos políticos el método es válido sobre todo cuando aporta réditos electorales. Y frente a quienes lo discuten, recuerdan el éxito de la estrategia utilizada por el PP y sus acólitos en la pasada campaña con los coches, las sillas, las fotografías y los rumores malignos en internet. Y concluyen, ante los reproches de ahora, que al fin y al cabo donde las dan las toman.
Pero no es lo mismo. En absoluto. Hay diferencias de todo tipo, lo que no quiere decir que aquello fuese aceptable y esto reprobable: mucha gente cree que poner en cuestión sin más la ética de los administradores de la res pública, como pasó entonces, es siempre un error, pero cuando el objetivo son las instituciones -y los partidos lo son- como aparenta ahora, resulta un disparate. Respetando otras opiniones, por supuesto.
A partir de ahí, la respuesta que ayer dio don Alberto Núñez parece la correcta. Ha de investigarse todo lo que pasó, incluyendo el supuesto pago "en negro" -como dice un acusado, aunque a saber si es verdad o no, porque si lo es tendrá difícil prueba- de campañas electorales, pero desde rigor, las garantías y el respeto a la presunción de inocencia. Un respeto que ayer reclamó el ministro de Justicia para el juez Garzón, aunque lamentablemente él mismo lo niegue al PP y a los imputados en lo del "Gürtel".
Y habrían de ir, todos, con más cuidado: la imagen general del oficio político es cada vez peor. Eso dicen las encuestas, incluidas las del CIS.
¿Eh...?