Uno de los datos más llamativos de los últimos tiempos en lo que a seguridad ciudadana se refiere, ha sido la coincidencia de delitos especialmente atroces y la ausencia de una respuesta penal adecuada. Ausencia que puede explicarse con sólidas razones técnicas y que, por tanto, será solo aparente, pero que resulta incomprensible para la opinión pública y por tanto provoca no sólo alarma, sino indignación social.
La relación pormenorizada de los casos más dolorosos, y escandalosos, no parece necesaria, pero podría ser suficiente, dentro del ámbito gallego, el crimen de Cambados. La libertad provisional para el presunto autor de la muerte, por un disparo en la cabeza, de su ex compañera cuando ésta le denunciaba malos tratos causó estupor en amplios sectores de esta sociedad. Y abrió, también aquí, un debate cuyo primer efecto ha sido quizá el rechazo social al principio de la ilustre penalista gallega doña Concepción Arenal: hoy se odia al delito y también a determinados delincuentes.
Así las cosas, no ha de extrañar que una parte -importante- de los ciudadanos de este país reclame de sus representantes en Cortes una adecuación de lo que entiende proporción injusta entre algunos hechos y su castigo y también de las circunstancias en las que se cumplen las condenas. Y, de este modo, se entra en un debate de especial dificultad porque se cruzan múltiples factores y, sobre todo, se reactiva el atávico afán por la venganza, afán muy difícil de condenar en algunos casos terribles, per se y por cómo se trata a sus autores.
En este marco hay que situar el debate sobre la reforma del Código Penal, el endurecimiento de las penas para determinados delitos e incluso la hipótesis de la cadena perpetua. Los expertos recuerdan la naturaleza rehabilitadora de las sanciones a la luz de la Constitución y, por tanto, rechazan que con la Ley en la mano se pueda llegar a donde algunos piden, pero la realidad es la que es, no se tapa sólo con meras declaraciones y hay que dar salida razonable a lo que la sociedad exige.
La mayor parte de la doctrina cree adecuada la legislación vigente, con los cambios que se preparan y quizá algún otro sobre el cumplimiento de penas y, además, rechaza legislar "en caliente". Y puede que sea un buen consejo, siempre que se acepte a la vez que la vindicatio es, también, un principio del Derecho Penal. Como la compasión.
¿O no...?