De las historietas del Pato Donald me llamaba siempre la atención que el Tío Gilito, pariente riquísimo de Donald, no fuera un magnate de la banca, la industria o el comercio. En lugar de eso, el Tío Gilito tenía un enorme almacén acorazado más o menos cúbico, en el que había una amplia y honda piscina repleta de monedas y billetes, en la que se zambullía como ejercicio saludable, energizante e incluso alucinógeno. Ahora vemos que se trataba de una profecía que anunciaba los futuros tiempos (ahora) en los que lo único que cuenta es la liquidez, y sólo resulta sólido lo líquido. Los bienes que aunque parezcan sólidos no tienen liquidez están llamados a ser disueltos, un modo extremo de hacerlos líquidos. Hasta el lenguaje, fiel espejo de la realidad, se vuelve líquido. Véase el titular de hace días en un diario de Madrid: "Economía disuelve por insolvente una aseguradora sin liquidez".