El juego de dejarse caer en el híper 10 minutos antes del cierre, para comprar unos 15 artículos, dejando el más necesario para el último, y llegar a la caja justo al borde de la hora límite, es buen ejercicio para cerrar el día. El de hacer, al pasar los artículos por la caja, el cálculo del coste total, sin haber mirado precios, es bueno para verificar el estado del cerebro a esa hora. Pero el que tras sumar la máquina los 15 artículos, cada uno con decimales, la cajera diga que son 20 euros redondos, sin céntimo arriba o abajo, y en ese momento den las 10, escama un poco. Le digo a la cajera que es una señal de algo, esperemos que bueno. Al llegar a casa llamo a mi amigo Vindio, que entre otras cosas es matemático, para que haga el cálculo de probabilidades, por si he logrado un pleno de quiniela sin premio. Vindio se queda en silencio, y luego me pregunta si estoy muy estresado.