Estados Unidos no quiere la reforma financiera ni la reforma sanitaria de Obama para no perder esa parte de salvajismo capitalista y social en el que se da tan bien el mercado, con su iniciativa incesante, su alta mortalidad empresarial, su espacio para estafar, su éxito ejemplarizante, su crimen, su castigo, y toda esa ideología de esperanza que se da en una sociedad desesperanzada como se da el pacifismo en las sociedades más violentas.
Cuando se va imponiendo el "Hell! We can´t" y los republicanos duros y los demócratas blandos paran en el Senado las iniciativas del presidente de Estados Unidos se puede respirar por la salud de Obama, la que parece peligrar cuando un cruce de fanáticos religiosos de Dios, del Capitalismo y del Apocalipsis perfectamente armados ponen la imagen del emperador bajo el lema de "El imperio del mal" y no bromean ni creen exagerar cuando le llaman "socialista". No hace falta recordar a los racistas chiflados. Qué feroz se representa y es una parte de la democracia que sirve de maqueta al sistema en medio mundo. Ahora se sienten en la necesidad de ejercer el derecho de lucir las armas para que no se pierda la bella tradición del fuego y el plomo que hizo avanzar el territorio y la libertad. Menos Estado, más armas; ningún impuesto, todo balas, menos Obama & Biden más Smith & Wesson.
Cuánta adrenalina ideológica corre por la América amante de los riesgos sistémicos, sean las apuestas en Las Vegas de una familia, sea el avecindamiento en San Francisco sobre la falla de San Andrés, mecidos en noche por la espera del "Big One". Hay una parte de Estados Unidos que no perdonará a su presidente (que lo es por mucho entusiasmo, por no tantos votos) que quiera reducir riesgos. Los más listos lo quieren humillado ante la historia y no asesinado por las fieras, para arrebatarle incluso la leyenda. Eso es bueno para su salud y para todo.