Todo empezó el pasado 29 de enero. Un diario publica una foto donde se ve a Zapatero dando explicaciones a los asistentes al foro de Davos, ante las críticas a la economía española. El problema es que lo hizo rodeado de primeros ministros de los países más atacados por los mercados, ante el riesgo de impago de su deuda (Grecia y Letonia). Mientras, el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, cerraba los ojos para no ver a "los últimos de la clase".
A partir de ahí, arranca una de las peores secuencias de ZP desde su llegada a la presidencia: propuesta de retraso de la edad de jubilación, poniendo de uñas a los sindicatos… lo que obliga a la ministra Salgado a matizar; anuncio de recorte del gasto público de 50.000 millones en tres años; aumento de 125.000 desempleados, hasta superar los cuatro millones; propuesta para recalcular la pensión… que el Gobierno retira en tres horas; gurús y medios de prestigio afirman que, pese a la mala situación griega, el peligro para la estabilidad del euro es España (lo que se traduce en subidas de los seguros de impago de la deuda y caídas de las Bolsas no recordadas desde Lehman Brothers … porque tampoco se creen a un Gobierno que retrocede ante las primeras reacciones adversas).
Para rematar, Barack Obama anuncia que no vendrá a la cumbre UE–EE UU, que ZP quería organizar en Madrid. Y la encuesta del CIS proclama que la ventaja del PP sobre el PSOE se consolida en cuatro puntos. Todo ello, mientras dirigentes políticos, sindicales y empresariales consideran la necesidad de elecciones anticipadas.
En unos días, quizá se calmen la cosas (o no). Pero, por primera vez desde el estallido de la crisis de las hipotecas basura (agosto de 2007), es probable que muchos españoles se hayan dado cuenta de que la "recuperación" va para largo. Para muy largo.