Así que, conocidas las cifras del paro en Galicia, llegó la hora de que cesen las excusas o las interpretaciones estrambóticas -sean del Gobierno central o de la Xunta, que de ambas hay- y se pongan manos a la obra de arreglar el problema antes de que sea tarde. Porque, dicho sin intención de alarmar, cuanto un país de menos de tres millones de habitantes tiene un cuarto de parados, cien mil hogares sin ningún empleo y cuarenta mil sin ingresos, el estallido es cuestión de tiempo.
A partir de esta primera reflexión, la segunda va de suyo: dada la magnitud del problema, en su solución han de participar todos, y no solamente aquellos a los que el manual atribuye la iniciativa directa. Y todos quiere decir todos sin excepción, desde los sindicatos a la patronal y desde el Gobierno a la oposición y además quienes tengan alguna cosa sensata que sugerir o alguna propuesta útil que formular.
O sea que, al igual que sucedía en los viejos tiempos cuando un mal común se desencadenaba, ha llegado el momento de tocar a rebato y habilitar los medios necesarios para afrontar el de ahora, que el del desempleo. Un mal nacional, usado el concepto en cualquiera de sus acepciones, que exige una respuesta nacional de la que no cabe excusarse ni mucho menos escaquearse. Y que no admite más demora, porque en un plazo breve e los niveles podrían alcanzar cotas imposibles de asumir.
En esta coyuntura llama la atención que, diez meses después de que la nueva Xunta ocupase sus asientos, el diálogo social se halle al ralentí -tres reuniones, y de tipo preparatorio, no son como para que alguien saque pecho- y parezca que no hay mucho interés en acelerarlo. Y menos aún si se compara con el ritmo que se la ha dado a otras cuestiones importantes, pero no vitales. Y no hace falta señalar.
Parece evidente, desde luego, que el diálogo social no será bastante para resolver el problema, y que tampoco lo garantiza un Pacto por el Empleo, pero aún está más claro que sin ellos la crisis se agudizará y el estallido parecerá más cerca. Por eso se reclama ese toque a rebato: para buscar soluciones desde el PP, que las prometía cuando era oposición, con el respaldo del PSdeG, que como PSOE pide ayuda en Madrid, y de todos los demás por la cuenta que les tiene.
Algo de todo ello ya tendría que haberse oído ayer con las cifras del INEM en las manos, pero sin suerte. Por ahora todos se afanan en mirar al tendido y fabricar excusas. Es increíble.
¿No...?