La prensa anglosajona y los expertos reunidos en Davos han calificado la situación financiera del Estado español como preocupante. No al mismo nivel de Grecia, Irlanda y Portugal, que rozan la suspensión de pagos, pero sí en un nivel de estancamiento que hace prever una recuperación muy lenta y en exceso dolorosa. Un reciente premio Nobel de Economía, el norteamericano Paul Krugman, llegó a decir que los salarios de los españoles deberían reducirse por término medio en un 10%. Semejante recomendación, en boca de un profesional conocido por su orientación política progresista, mete un poco de miedo. Sobre todo si tenemos en cuenta que los salarios de los trabajadores españoles son sustancialmente más bajos que los que se cobran en Alemania y en otros países europeos. Al presidente, señor Zapatero, siempre optimista, no le gustaron esos pronósticos negativos, pero ha anunciado inmediatamente una serie de reformas que van desde el aumento de la edad de jubilación a los 67 años hasta una subida de impuestos y un plan de austeridad que tiene por objetivo recortar el gasto público en 50.000 millones de euros en tres años. El líder de la oposición, señor Rajoy, ha reaccionado diciendo que esas medidas se han tomado "tarde y mal", lo que viene a significar que, caso de estar el dirigente conservador al cargo de la gobernación del país, las hubiera adoptado mucho antes y con mucha más contundencia. La principal enseñanza que nos ha dejado la última crisis del sistema económico capitalista (incluida la boyante China roja) es que la receta para superarla consistió fundamentalmente en el recurso a la nacionalización temporal de la banca y en el incremento de la deuda pública. O como dijo el secretario de Estado del gobierno ultraliberal de George W. Bush: "Hemos abandonado el sistema de libre mercado para salvar el libre mercado". Es decir, que hemos utilizado métodos y sistemas propios de la izquierda política declarada obsoleta para salvar del caos a la derecha financiera que había proclamado orgullosamente su triunfo definitivo sobre las opciones ideológicas colectivistas y socializantes. No está claro, sin embargo, que esta operación de salvamento del sistema haya concluido, y hay síntomas de que pueden darse graves recaídas. En todo caso, lo que sí parece evidente es que la recuperación de la tasa de beneficios de los bancos no irá en paralelo con la creación de empleo, y por tanto no aleja el riesgo de una crisis social, pese a la eficacia de los sofisticados medios de amortiguación disponibles (policiales, mediáticos, recreativos, etc.) Por lo que se refiere al caso concreto de España, el cambio del modelo productivo (construcción, turismo, servicios, etc.) llevará su tiempo y sólo cabe rezar para que la recuperación en otros países nos beneficie en alguna medida. Tengo a la vista un recorte de prensa sobre el diálogo que mantuvo hace siete meses el presidente Zapatero con cuatro ciudadanos (un bombero, una ama de casa, una estudiante y una desempleada) sobre los problemas que nos acucian. El presidente reconoció en aquella ocasión que la crisis económica "parecía un aterrizaje suave, pero ha resultado ser un Aterriza como puedas", Se refería a una película cómica, muy famosa hace años, sobre un viaje alucinante en avión en el que ocurrían todo tipo de disparates. Se trataba de una astracanada sobre aquel cine de catástrofes que estuvo tan en boga. Algo parecido sucede con la crisis económica. Nadie supo anticiparla y nadie sabe muy bien cómo salir de ella.