Mi paisano y colega Roberto Blanco Valdés, catedrático de Derecho constitucional de la Universidad de Santiago y conocido articulista, está siendo víctima de acoso y de amenazas por expresar sus ideas y opiniones en temas siempre controvertidos. El último episodio, hace tres días con la colocación a la puerta de su garaje de un artefacto casero que, por fortuna no causó graves daños.
Seguramente haya quien tienda a minimizar el hecho, convirtiendo incluso a la víctima en incitador de su autoría, al atribuirle a sus opiniones un tono provocador, o en beneficiario de su resultado, pues, se dirá, consigue mayor reconocimiento público a cambio de unos pocos desperfectos a la entrada de su casa. No hay mayor desprecio a la víctima que negarle su condición de tal. Pero el asunto tiene importancia y mucha.
Aunque la bomba fuese casera y su estallido no causase graves daños materiales, sí ha causado daños personales, pues su finalidad primordial es amedrentar al profesor y a su familia, al más puro estilo mafioso. Es decir, se hace responsable al destinatario de la bomba de lo que pueda sucederle a su mujer e hijas, convertidas así en potenciales víctimas de su marido y padre. Ante esto no se puede mirar hacia otro lado, como tantas veces se ha hecho en el País Vasco.
Y todo para silenciar una voz considerada incómoda por sus agresores y simpatizantes. Supongo que a los autores del atentado les trae sin cuidado la democracia y, por tanto, la idea de que sin libertad de expresión no hay democracia. Pero a los que creemos en ella nos debe importar dejar claro y sin fisuras que a las opiniones que no compartimos, por su contenido o por la forma de expresarlas, se les combate con la palabra y, en su caso, con los tribunales, no con la violencia.
Se dirá que este es un episodio aislado y que en Galicia no está en juego la libertad de expresión, pero sí lo está la de un ciudadano que, además crea opinión, y eso es suficiente para no pasar página sin que institucionalmente se condene la acción. Celebro que todas las fuerzas políticas se hayan pronunciado en este sentido de manera inequívoca.
Hay muchas ideas o, quizá, maneras de ver las cosas que me separan de Roberto Blanco, pero siempre estaré a su lado para que pueda exponerlas.