De modo que, oído lo dicho por el señor gobernador del Banco de España en su visita a Vigo, una cosa es prácticamente segura: a estas horas los fusionistas, -de la Xunta abajo, todos- estarán cantando victoria y afirmando que don Miguel Ángel no hizo sino bendecir sus tesis. Y, a partir de ahí, agotando argumentos para aplicar la táctica de tierra quemada contra quienes se les han opuesto desde el principio.
Pero no es para tanto, ni mucho menos. El cuidadoso ejercicio de equilibrio sobre el alambre que ha hecho el señor Fernández Ordóñez sitúa en excelente posición a los que ven su botella llena y en postura delicada -porque da la impresión, falsa, de que se fuerzan los argumentos- a aquéllos que siguen considerándola medio vacía. Pero, aún así, no es para tanto, ni mucho menos.
La pregunta, claro, es por qué se habla de alambre y de equilibrio, y tiene varias respuestas, La primera y principal, porque la autoridad monetaria española ha dicho lo que ya se sabía: que decidirá el Banco de España. Y, la segunda, que lo hará por sus propias razones de solvencia y eficiencia, lo que equivale a sugerir que la famosa auditoría -determinante para la Xunta- se la podían haber ahorrado sus autores y sus paganos. Y que, por tanto, en pura teoría la cosa está como estaba.
Item más: el gobernador Ordóñez ha invocado a las cajas en proceso de fusión -y a las que optaron por los SIP- a algo tan sensato como acelerar el ritmo para llegar a tiempo al FROB y en general, a lograr una economía procesal imprescindible. Pero es un hecho, y no una interpretación, que las cajas gallegas no están en ese proceso, que una de ellas ha rechazado la fusión como en su día lo hicieran en otras autonomías, entre ellas Euskadi.
Es decir, que, como antes de la llegada del gobernador, la situación es la misma: tendrán la última palabra los órganos de gobierno de las cajas, cuya renovación han forzado, para lograr sus fines, el PP y sus ocasionales aliados nacionalistas. Y es cierto que resulta probable que en pocos meses -salvo en caso de recurso admitido- los designados cambien las cosas y voten por la fusión obedeciendo dócilmente a quien les manda, pero habrá que verlo.
Con todos esos frentes abiertos, cumple una reflexión todavía. Quienes han iniciado este proceso -que están donde están, tienen nombre, apellidos, razón social y motivos varios- cometerían otro error funesto si creyesen que el resto de la gente carece de memoria y comulga con ruedas de molino. Ya no.
¿Eh...?