Ahora mismo no podría decir si Jean Simmons ha muerto en blanco y negro o en color. No digo que no hiciera películas en color (Espartaco, por ejemplo), pero por alguna razón yo recuerdo a esta actriz, a la que adoraba, en blanco y negro. Tuve una duda semejante cuando falleció Jacqueline Kennedy, pues aunque está documentado que expiró en colores, su cadáver acude a mi memoria en todos los matices del gris. Jacqueline también me gustaba mucho, no por sus ideas políticas, ni por sus gustos literarios, ni siquiera por su dinero. Me gustaba mucho por mis obsesiones. Creo que todas mis obsesiones se manifiestan también en blanco y negro. No reconozco otro sexo ni otra literatura ni otra fotografía que la del blanco y negro.
Cuando entró en casa el primer aparato de televisión en color, yo, misteriosamente, continuaba viéndola en blanco y negro. Fui al oculista y no me encontró nada raro, por lo que pensamos que era psicosomático. Logré verla por primera vez en color un día que había tomado un jarabe para la tos que contenía codeína. De repente, la pantalla se llenó de colores horteras y comprendí que acababa de llegar al infierno, al que uno acaba acostumbrándose, como a todo. Ahora, curiosamente, sólo la vuelvo a ver en blanco y negro cuando tomo codeína (a veces, las mismas medicinas que matan, curan), por lo que me hecho adicto a esta sustancia de curso legal.
No crean que resulta fácil compatibilizar la cultura del blanco y negro con la del color. Quizá hubo una época en la que lo difícil era tener un pie en el cine mudo y otro en el sonoro. El ser humano es fronterizo: siempre vive en los límites de algo (o de alguien). Y muere allí mismo, en la frontera. Jean Simmons, como Jacqueline Kennedy, daba la impresión de haber venido de otro sitio. Su cuerpo estaba aquí, pero su espíritu habitaba en otra dimensión. A mí no me gustaba por lo que tenía de "aquí", sino por lo que tenía de "allí". "Allí" era un lugar misterioso del que por fortuna procede mucha gente, pues lo de "aquí" carece por completo de interés. Alivia pensar que quizá morir consista en regresar a "Allí" (esta vez con mayúsculas), o sea, al blanco y negro.