Así que, a poco que el asunto se analice despacio, será difícil discrepar con quienes afirman que la implantación del sistema digital terrestre en la televisión puede significar para la industria del audiovisual gallego una oportunidad de progreso. Cierto que plantea también muchos desafíos, pero el sector ha demostrado aquí capacidad y reflejos como para hacerles frente con éxito.
La primera cuestión está en que ese reto no podrá ganarlo el sector sin ayuda, porque la competencia es muy fuerte y tiene considerable tamaño y porque los volúmenes de inversión necesaria podrían en principio apartar a empresas que tendrían opciones sólidas siempre que puedan acudir al mercado con la sensación fundada de que no llegan a él ya derrotadas, tal y como el propio sector ha advertido.
La segunda de las reflexiones ha de referirse a la naturaleza de la ayuda que se plantea, y que en absoluto tiene que ver con subvenciones al uso. Aunque no serían un elemento escandaloso: a sectores de la economía gallega de primera línea tecnológica –como el de la automoción– se les está inyectando dinero público sin que nadie se haya rasgado las vestiduras. Y en términos de I+D+i, aparte de las posibilidades de crear empleo, el futuro de las telecomunicaciones gallegas puede ser tan espléndido como el automovilístico.
A partir de ahí habrá que plantear qué es lo que puede hacer la Administración gallega –y las demás– para articular la posibilidad de que el audiovisual deje de ser una esperanza para convertirse en un factor real de dinamización económica y por tanto de creación de empleo. Y, seguramente, la primera condición, quizá sine qua non, es que habilite y mantenga unas reglas de juego claras, con exclusión directa, explícita de amiguismos. La Xunta, que ha empezado bien, debe seguir como así para garantizarlo.
Es cierto que las dimensiones de lo que viene harán necesarias muchas otras cosas, y más específicas pero, para concretarlas, doctores tiene la santa madre iglesia del audiovisual. Lo que ha de evitarse es la repetición de errores que, como los cometidos en este proceso –por ejemplo en lo que al fútbol se refiere– hagan pensar que los ciudadanos y los empresarios no son iguales ante la ley y por lo tanto invitan a muchos otros que podrían llegar a ni siquiera iniciar la carrera. Dicho sea todo esto con el máximo respeto, como siempre.
¿ Eh?